Silencio eterno

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LAGUNA DE VOCES

Hay un silencio eterno, como si de repente el planeta se hubiera quedado varado en el espacio y de a poquito, sin la cubierta que le había otorgado una cámara que repetía día y noche las oraciones de millones de humanos dirigidas al señor del universo, para que sus voces pudieran ser escuchadas en la eternidad del tiempo. Pero hay silencio como nunca, tan lleno de terror que lastima, ahuyenta el más mínimo pensamiento de esperanza. 

Se sabía que tarde o temprano, la humanidad se acercaba al justo instante en que todo se calla, se envuelve en ese manto que apaga hasta el armonioso musical de las estrellas. A todos les ilusionaba que finalmente podrían escucharse, oír con atención absoluta lo que dijeran sus pensamientos, pero había sido en vano y poco a poco empezaba a crecer la sensación de que el planeta mismo estaba perdido, sin ningún camino a seguir, sin destino alguno.

Es un silencio eterno, y de alguna manera empezamos a comprender que llegábamos al nivel único de los que, en los tiempos del sonido, lograban cancelar el ruido de la mente, para elevarse por encima de la vida simple y llana.

Muy posiblemente acabemos convertidos en inmortales, como los descritos por el escritor argentino, y luego incapaces de vivir, porque se vive a partir de la mortalidad. Transformados en árboles gigantes, con vidas de cientos de años, agazapados en ellos mismos, cercanos al silencio eterno. 

La Tierra sigue su curso, igual que sus pobladores, cada vez más y más parte de raíces gigantescas que se esparcen entre las estrellas, capaces de caminar por galaxias nunca vistas. Capaces de empezar de nueva cuenta una vieja historia, donde el sonido creaba vida.

Los primeros viajeros del espacio, aseguraron que ese silencio, único, casi propio de las divinidades, los había cambiado para siempre. Un espacio sin límites, tapizado de luces, de posibilidades para encontrar a otros seres vivos, era callado, absolutamente callado, algo nunca sentido; porque de tanto silencio, la oscuridad casi constante del universo se mete en los ojos, en la mente, en la mejoría, en ese recuerdo constante de que todo empezó cuando pudimos palpar la presencia de las almas que pasan sin que alguien escuche siquiera su paso.

Mil gracias, hasta mañana.

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