Sí, ganamos y por un momento sonreímos a la vida

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RETRATOS HABLADOS

Siempre hace falta a un país tener motivos para celebrar la vida, y el fútbol, con todo y el manejo 100 por ciento mercantil que le han dado a la Copa del Mundo, reúne características que pueden generar algo de felicidad en tiempos tan angustiosos para la mayoría de quienes vivimos en México. 

Hace falta tener victorias en el deporte que más gusta en territorio nacional, hace falta olvidarse, aunque sea por unos momentos, del paisaje que por momentos espanta y de manera constante lleva a pensar que “eso que les pasa a otros”, por ventura del cielo no ha tocado a nuestra puerta.

Porque cuando se gana es asunto de todos, y gustosos suscribimos que “ganamos”, porque es alegría sabernos victoriosos sin difuntos de por medio.

Acudimos puntuales a la cita para ser testigos a través de las señales de televisión o de internet, a la prolongación de ese misterioso sueño que siempre provoca el fútbol, y con todo y que presagiamos un futuro que de nuevo nos deje a la vera del camino, para de inmediato entregar esas ganas de llegar hasta el final a otra escuadra, latina por supuesto, que con suerte sea Brasil y no Argentina, el momento, el instante se disfruta, porque la vida misma es eso, no futuros, no el mañana.

Porque es una fiesta jugar fútbol, de portero, de goleador, de lo que sea, y a partir de ese sueño de niños, de adolescentes, es posible llegar a una nueva Copa del Mundo con las esperanzas llenas de desconfianza, pero al fin esperanza, que tanta falta hace en estos tiempos.

Es seguro que por eso ilusiona tanto estos eventos, pese a un mar de negocios donde navega el deporte, a los manejos de todo tipo, pero con regularidad de lucro desvergonzado en lo económico y lo político.

No importa, si al rato que termine el partido México le gana a Corea del Sur; en algo habrán sanado tantas heridas que supuran de años y años, en algo que siempre nos persigue al ver que una semana termina y el horizonte sigue plagado de nubarrones negros.

No, tampoco se confunda, porque ser aficionado al fútbol, nada tiene que ver con esa vieja historia de que, al pueblo, “pan y circo” para que esté contento por los siglos de los siglos. 

Es uno de esos momentos que es para festejar, para decir que “ganamos” sí, ganamos todos en el fútbol, en el sueño que nos fue incubado desde la infancia, desde que, en la deportiva, así, en femenino, corríamos a tiempo completo los sábados y domingos, y estábamos seguros que un mucho de los sueños que tendríamos de adultos recuperarían la esperanza en esos recuerdos.

Nada como la victoria. Nada como mirarnos y sin más allá de otros comentarios, simplemente decirnos: “¡ganamos!”.

Y sí: ganamos.

Mil gracias, hasta el próximo lunes.

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