RETRATOS HABLADOS
¿A quién no le gusta ganar? ¿Ser victoriosos, los que ya no se quedan en el rincón de la cantina exigiendo su canción, por supuesto de puro despecho? ¿A quién no le atrae ese momento en que el país entero es único, grande entre los grandes, y, para seguir con las canciones, uno se siente superior a cualquiera y un puño de estrellas quiere regalar?
A todos, por supuesto, es la respuesta inmediata, que se grita sin pensar un segundo, porque la vida misma nos pone siempre las dos alternativas, y es mejor cantar, “no tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey”.
Ayer sucedió ese milagro, y con todo y que todavía no pasamos el trago amargo del quinto partido, otra vez esa maquinaria de las ilusiones se puso en marcha, pese a todo, pese a tantos engaños, otra vez creemos, casi juramos que, por esta, verdá de Dios que, por esta, si no somos campeones del mundo en el fútbol, vamos a quedar muy cerca de serlo, pero no cerca, vamos porque vamos a ganar todo.
No hay como levantar la vista, mirar hasta el mismísimo cielo, porque por esta noche cuando escribimos este texto, por esta noche que puede ser eterna, todo ha cambiado, si quieren incluso digan que transformado, y es otro sentimiento, otra incapacidad para respirar pero no es dolor, es alegría, sí, eso mero: es alegría y que pase a lo que pase, pero uno se pone contento, le sonríe a la noche del último día de junio, y se ve la segunda parte del 2026 de otra manera, ya no con la pesadumbre de siempre, ya no con la tristeza eterna.
Le anoto algunas frases de escritores, cartonistas, pensadores sobre el fútbol, para animar más este sentimiento único que deja lo de ayer en quienes ya rebasamos hace mucho las seis décadas, pero renacemos la noche de ayer, porque crecimos en ese mundo pleno de ilusiones que es el fútbol.
“Si quieres ser feliz una hora, emborráchate. Si quieres ser feliz un día, mata un cerdo. Si quieres ser feliz una semana, cásate. Si quieres ser feliz toda la vida, hazte hincha de un club y festeja una victoria», es de Roberto Fontanarrosa, ¿se acuerda? El autor de Boogie el Aceitoso, en la revista Proceso.
«Todo lo que sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol», de Albert Camus, que incluso fue portero, y de los buenos, en su juventud.
Y una que es vital, y nos describe casi a todos los mexicanos, de la autoría del escritor inglés Nick Hornby: «La victoria sabe mejor cuando has compartido la agonía».
¿Cuál es su frase?
Me quedo con la última. Porque la agonía que menciona Hornby ha sido dolor pegado a alma de todos los mexicanos desde hace décadas y décadas, y al menos por las siguientes horas, hay que estar alegres porque puede que el destino infausto haya sido desaparecido para siempre.
Aunque si hay algo que hoy describe esta tregua de optimismo en un laberinto de dolor de los mexicanos, es que lo que dure, el tiempo que sea, es bálsamo para tantas heridas en la población del país, es bendito, único. Si hemos de despertar después, no importa, aunque luego regresen las pesadillas de la realidad.
Mil gracias, hasta mañana.



