LAGUNA DE VOCES
Llueve con rabia, con furia en una ciudad que se inunda a la menor provocación. Ya no s si es temporada para que esto suceda, pero nada sorprende. Todo puede suceder y tal vez sea mejor as , y no querer tener previsiones de ning n tipo. Al final de cuentas la vida se comporta as , pero siempre queremos buscarle una l gica que nunca ha tenido. Le gusta sorprendernos, y hoy el clima hace lo mismo, con baches más profundos en calles que siempre estar n condenadas a la imposibilidad de ser remanso de tranquilidad, menos cuando un cami n de carga pasa y azota contra el piso. Aun as , es algo digno de celebrarse que el cielo viva en todo el sentido de la palabra y nos asuste con rayos que retumban en la inmensa b veda del cielo.
Pasadas las siete de la noche oscurece, el jard n se viste de rostro siniestro, y todo el universo cabe entre los cuatro cipreses que se columpian de un lado a otro, orgullosos de que miran más all de la barda, y atisban el horizonte de la carretera que va para Actopan, el bulevar Minero con piso nuevo de cemento, el pante n que se refresca luego de tant simo calor.
Respira la tierra, y todo es asunto de recordar cuando niños jug bamos al futbol precisamente cuando arreciaba el aguacero.
Otra vez las goteras de un techo quebrado por las apuraciones cuando hicieron el colado, la sal que se esparce como si fuera nieve, los goterones que de nuevo se empecinar n en fundir la pantalla en la que veo saltar y saltar letras. Otra vez el tiempo revuelto que dej de ser tan serio, para improvisar cada vez que se le antoja.
Pero mejor as . Que nunca más nos levantemos una ma ana con la horda de supuestos expertos en el clima, que todo lo fundamentan en im genes de sat lites que dan vueltas y vueltas sobre el planeta, y que seguramente no se han enterado que, despu s tanto trabajo, de un minuto a otro todo cambia y sus predicciones son falsas, juegos sin sentido.
Hoy Pachuca marca el rumbo de la meteorolog a, con ma anas soleadas, o fr as, o lluviosas, para despu s empezar ese jugo nico que la distingue, nada más porque se le antoja; nada más porque puede hacerlo, y burlarse de los que creen con absoluta confianza en que el tiempo, no el pasado, presente o futuro. No, el del fRío y el calor, puede predecirse.
Nada más inexacto que ese tiempo y la pol tica. Hoy rumbo a la izquierda, ma ana a la derecha, luego al centro, luego un salto mortal hacia qui n sabe d nde.
Ha llovido como pocas veces.
A ver si pasa el diminuto coche con sus llantas de juguete, esperando que no se pasme donde es previsible que haya inundación. A ver si de repente no empieza a toser y se prenden los focos que avisan quedaremos empapados por empujarlo, por los gritos de conductores siempre furiosos y apurados.
Aunque si pongo atención, ya solo queda el tamborileo de las gotas que se filtran por el techo resquebrajado y pegan contra el plaf n de policarbonato, luego que los de cart n se echaron a perder todos manchados y desbaratados.
Es bueno que llueva.
Que crezca el pasto, los rboles. Que d signos de vida la jardinera de la entrada, toda cuarteada por falta de agua.
Aqu , me digo ya de salida, debe estar un rbol, para adornarlo en temporada de navidad, y empezar a creer, otra vez, que ese tiempo es m gico, ahora que poco a poco, irremediablemente, me convierto en niño por ser viejo, porque el coraz n se hace inocente cuando se reencuentra con ese que uno fue.
Mil gracias, hasta ma ana.
@JavierEPeralta
& Cuando llueve y uno vuelve a ser ni publish


