Arde tulancingopost
PEDAZOS DE VIDA
na vez más, se hab a quedado a trabajar en la oficina hasta muy tarde. Su hora de salida era a las seis, pero esta ocasi n la carga de trabajo no lo dejar a salir a la misma hora, aunado a que tenía algunos pendientes y a que tenía que adelantaRíotros tantos para tener un buen descanso el fin de semana.
Pasada de la medianoche, comenz a sentir el cansancio, definitivamente ya se tenía que ir a casa, tenía que ir a descansar y regresar tempraño para concluir con sus pendientes y darse paso a los compromisos que tenía para la tarde, por lo que decidi apagar su computadora, ponerse la chamarra y salir. Al pasar por la caseta de vigilancia, se despidi del velador y se apresur a marcharse, no hab a carros en la calle, no hab a taxis, el n mero para pedir un taxi estaba fuera de servicio, así sin más se ech a caminar.
La neblina hab a ca do, y en la carretera no hab a ni un solo autom vil, el silencio era aterrador, con el fRío de la noche apret el paso y su cerebro comenz a maquinar la forma en que ser a asaltado en medio de aqu l cuadro de soledad. Pens varias veces en si ser a apu alado o le dar an un balazo sin que hubiera un solo testigo que hiciera imperfecto aquel crimen.
Y si ya me mor , y nadie me avis , señalarm . Se toc la cara, y mientras segu a caminando sonri no manches no est s muerto , se dijo. En ese momento a mitad de camino record que las llaves las hab a puesto en el escritorio, y tras hurgar en la bolsa del pantal n y el portafolio comprob que efectivamente, las llaves se hab an quedado.No hab a remedio, no hab a taxis, tenía que regresar a la media luz de las l mparas, la neblina y sus macabros pensamientos, al llegar a su edificio, toc pero nadie abri , así que meti la maño en la reja y abri la puerta, que afortunadamente no tenía pasador ni hab a sido cerrada con llave, desde la ventana vio como el vigilante estaba dormido, no quiso despertarlo.
Al entrar a su oficina vio la computadora encendida, de las bocinas segu a saliendo la másica que hab a escuchado unas horas antes, sin embargo, en medio de la penumbra vio que un hombre estaba recostado en su escritorio frente a la computadora, al acercarse, se mir en sus propios ojos, era su cuerpo el que segu a ah , y como im n lo jal hacia dentro, con un v rtigo que concluy en un suspiro que lo hizo despertar, se hab a quedado dormido, se hab a ido a casa y se le hab a olvidado su cuerpo
na vez más su alma se hab a marchado y hab a agarrado camino para alejarse del cuerpo que tanto tormento le generaba. Esta alma ya estaba cansada de ese maldito cuerpo adicto al trabajo, esclava tuvo que regresar al interior, esta vez hab an sido las pinches llaves las que la hab an hecho regresar.
Las llaves publish

