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jueves, abril 3, 2025

No es lo mismo improvisar, que destruir

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LAGUNA DE VOCES

Ha sido una obsesión de todos los artistas de la literatura y la música, que su obra tenga la absoluta libertad de tomar rumbos diferentes cuando llega a quien la lee, o la escucha. Incluso conceden la posibilidad de leer una obra como Rayuela de Cortázar, o Ulises de Joyce, en el orden que deseen, y terminarla cuando se les ocurra. Pierre Boulez, Kharlheinz Stockhausen y Luciano Berio, hicieron lo propio con sus obras musicales, al grado de que el ejecutante decidía la ruta a seguir, con duración nunca anticipada, mucho menos la forma y estilo en la interpretación. Umberto Eco lo explicó con claridad en su Obra Abierta.

Esta dramática búsqueda de la libertad creativa, pero sobre todo interpretativa, llevó a una improvisación eterna, que terminó por agotar al espectador y al lector, que no entendía a ciencia cierta si, en este afán de caminar por donde llevara el viento, no se terminaría en un camino donde la ignorancia acabara por imponerse, con la justificación de que tiempos modernos o de avanzada, exigían echar a la basura el conocimiento previo de la teoría musical o literaria, para después hacerla pedazos a fuerza de ir contra ella.

En la política, mundial y mexicana, ha ocurrido lo mismo, y permítaseme usar esta posibilidad de comparación, porque a la preparación académica en que se siempre se hablaba de uno o dos doctorados de nuestros presidentes tricolores, se sucedía una especialidad para el robo y la corrupción.

Regresar a lo anterior cuando por fin se les había corrido de la silla presidencial, atentaría contra toda una lucha de personajes casi míticos, no muy poco dados al estudio, sí a la práctica cotidiana, a la lucha, al sacrificio por los otros. Al menos en una primera etapa así fue.

De tal modo que en esa obsesión por dejar que la libertad improvisara en todo, hoy mismo parece reparar en que no todo se puede recorrer por esa vertiente, y que de alguna manera se hace necesario no seguir con la historia de que todo, absolutamente todo, puede ser amparado por la supuesta honestidad y supuesta lealtad. Seguir con la idea de que con un 5 por ciento de conocimiento, y un 95 por ciento de honestidad es posible conducir una nación es absurdo, porque el destino es irse de cabeza en el acantilado.

Julio Cortázar logró una de sus obras más acabadas con la libertad que otorgó al lector para crear su propio camino en Rayuela, igual, aunque con una intención secundaria, Joyce en su Ulises. En la música el movimiento duró menos, porque la experimentación se mantuvo en ese nivel, sin llegar a ninguna parte, con todo y que siempre será interesante la música de Berio y Stockhauzen.

Pero en la política no, y es obvio que la alarma sea más amplia, porque se juega con vidas humanas, con destinos de millones de familias, y cancelación de toda oportunidad para los que creyeron que improvisar es hacer lo que le venga a uno en gana. No es así, ni en tareas mundanas como el poder y su aplicación, y tampoco en las artes.

Porque los mejores improvisadores, en primer término, son una autoridad cierta, definitiva en la literatura o la música. Se improvisa cuando ya se entiende el tema del que se parte para hacer musicalmente. 

Si la política, como algunos dicen, es un arte, estoy seguro que nadie abogaría porque sea la improvisación cotidiana el mejor camino. Puede serlo para destruir un sistema, ya de por sí aniquilado, pero es muy posible que en esa aniquilación todos queden difuntos en ese destino.

Sin bases ni conocimientos no se puede improvisar nada, si acaso destruir lo que le pongan enfrente al mozalbete que llegó a ese refulgente momento en que podía decidir quién vivía y quién moría.

Mil gracias, hasta mañana. (Venturoso mes de abril, aunque en todas las canciones y textos, hay coincidencia en que el robo de este mes en el calendario particular de nuestras existencias, siempre dejarán una marca indeleble).

jeperalta@plazajuarez.mx

@JavierEPeralta

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