Tras la publicación de los resultados del examen PISA, la evaluación que aplica la OCDE a jóvenes de 15 años en más de 80 países, México volvió a tropezar al colocarse en la posición 51 de la tabla general, quedando muy por debajo de la media internacional y en los últimos lugares entre las naciones miembros del organismo.
El informe deja al descubierto un panorama sumamente complejo en las tres áreas evaluadas. El problema más crítico se registra en matemáticas, donde casi el 70% de los alumnos evaluados no alcanza el nivel mínimo de competencia, lo que significa que siete de cada diez muchachos no pueden resolver operaciones ni razonamientos numéricos elementales del día a día. La situación no es muy distinta en lectura y ciencias, donde cerca del 47% de los estudiantes tiene dificultades serias para comprender o analizar lo que lee, mientras que la mitad tampoco cuenta con las nociones científicas básicas para interpretar los fenómenos de su entorno.
Aunque a nivel regional México se mantiene a la mitad de la tabla por detrás de países como Chile y Uruguay, la realidad en las aulas locales es que el rezago pesa en la vida cotidiana de los jóvenes. La falta de infraestructura, los meses de rezago acumulados tras la pandemia y los continuos cambios en los programas de estudio terminaron pasando factura a las familias trabajadoras. Ante este escenario, docentes y especialistas de la comunidad coinciden en que no basta con modificar los planes de estudio en el papel; se requieren inversiones urgentes en los planteles de la zona y programas de regularización inmediata para evitar que las aulas sigan arrastrando este déficit de aprendizaje.


