Un adulto responsable
“Lo único que ha cambiado es el espejo,
ahora cada vez que lo veo me refleja
unas sombras profundas bajo mis ojos
y unas arrugas que empiezan a amenazar mi rostro”
No hay novedad – Los Cadetes de Linares
La fotografía
Te extraño. Es innegable cada vez que veo tu fotografía. No solía creer en el Día de Muertos y tú sabes que siempre fui huraño como para poner un altar, que solo me parecía una muestra sin sentido de conmemorar la fecha, pero todo cambió cuando te perdí. Contigo se fue mi brújula, mi motor, las ganas de volver a soñar y para no caer en la depresión intenté traerte de vuelta con las cosas que realmente te gustaban: hice la cruz con flores, puse la sal, el agua y el arco; lo demás fue “sacrílego”, por decir lo menos: una foto tuya de la mitad del altar (que, por cierto, no tenía ningún cuadro religioso), un par de tiras de Sushi, tu Topochico con un par de limones y su salero a un lado, un poco de mezcal, un buen plato de arrachera, tus chilaquiles (que modestia aparte, me quedaron muy buenos) y eso sí, tus cacahuates y tus mandarinas. Yo no sé si mi altar fue “demasiado”, lo que sí sé es que te extraño y que espero que vengas, aunque sea un ratito a darme un besito, aunque solo sea una vez al año.
Mi chica bonita
La fiesta de Halloween estaba en el mejor momento de la noche, después de beber un poco y según yo ser el alma de la fiesta por mis pasitos “prohibidos”, vi con el rabillo del ojo a la chica más linda del lugar, su disfraz no era la gran cosa, un antifaz, un vestido negro que le cubría todo el cuerpo y un peinado tan disparatado que no pude evitar la risa. Pero algo en sus ojos no me permitía dejar de mirarla y sin meditarlo demasiado me acerqué. Sorprendentemente se rió de mis chistes y tuvimos una plática tan agradable que el tiempo se fue volando. Cuando sonaron los primeros acordes de “Mi chica bonita” de Adiós París, ella simplemente me dio un beso tierno en el cachete y me susurró al oído: “fue la mejor noche que he tenido desde que estoy muerta”. Y se fue. Jamás supe si lo que me dijo fue cierto y tal vez jamás lo sabré, porque no tengo idea de quién sea y tal vez solo pueda verla en la siguiente fiesta de Halloween.
La tradición vivirá por siempre
Para tratar de contrarrestar las “tradiciones paganas y diabólicas” que “pululan” en la comunidad, el sacerdote de mi parroquia decidió organizar un concurso de disfraces más católico: “Santo por un Día”, y aprovechando que el Primero de Noviembre caía en domingo, instó a los niños a venir caracterizados como su “Santo Favorito”. La idea no fue mala, de hecho, hubo bastantes participantes, pero la iglesia entera no pudo evitar la carcajada cuando vió entrar a un niño vestido como “El Enmascarado de Plata”.


