La paleontología desarrolla todo tipo de métodos para intentar explicar cómo fue el pasado más remoto y en un nuevo estudio ha recurrido a heces fosilizadas de ardillas de hasta 700.000 años de antigüedad que contienen ADN prehistórico para revelar abundantes detalles sobre la historia evolutiva del Ártico.
Esos excrementos fosilizados (coprolitos) se han conservado durante milenios en el permafrost del Yukón en Canadá y el ADN encontrado en ellos es uno de los más antiguos recuperados y secuenciados.
El ADN analizado procede de cientos de especies de plantas, insectos, microbios y grandes mamíferos, como mamuts lanudos, caballos, y bisontes de la estepa.
La investigación encabezada por el Instituto Hakai de Canadá y que se realizó con el permiso de la nación Tr’ondëk Hwëch’in, en cuyo territorio tradicional se realizó, analizó trece muestras de coprolitos de ardilla terrestre ártica (Urocitellus parryii) de entre 30.000 y 700.000 años.
Los coprolitos pueden conservar una variedad de biomoléculas de animales antiguos, incluido ADN tanto del animal que las excretó como del entorno circundante, aunque en los estudios se usan con menos frecuencia que los huesos o los sedimentos.
El equipo extrajo una cantidad notable de ADN ambiental antiguo (aeDNA) de los excrementos, del tamaño de los de un conejo, y luego reconstruyó más de 18 genomas mitocondriales de ardillas terrestres, mamuts lanudos, caballos y bisontes de las estepas.
Además, descubrieron indicios de otros roedores y depredadores como lobos grises, grandes felinos —ya fueran pumas o guepardos americanos— y más de 200 grupos de plantas.
Los coprolitos de las ardillas terrestres “conservan instantáneas genéticas de una diversidad extraordinaria de la antigua Beringia, lo que los convierte en un repositorio excepcional” para comprender los cambios evolutivos y ecológicos del pasado remoto, según Hedrik Poinarde, uno de los firmantes del texto.
Estos restos ayudan a reconstruir paleoambientes, “proporcionando información sobre los cambios ambientales, la evolución de la megafauna, su dispersión y, en última instancia, su extinción”, agregó el investigador de la Universidad McMaster (Canadá).




