LOS DESAFÍOS DE MORENA 2027    

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A quince años de su creación, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), sigue causando gran debate nacional e inclusive fuera de nuestras fronteras. Con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en 2018, el movimiento fue un gran centro de atracción ciudadana, popular y de fuerzas y liderazgos políticos. Hoy casi nadie recuerda, sobre todo los que llegaron cuando el barco ondeaba las banderas de triunfo, las dificultades y los obstáculos que enfrentó para tener resultados favorables.

Organizado como un “movimiento político” tuvo su registro como partido político nacional en 2014 y en 2015 aparece en la escena electoral en las elecciones federales de 2015, apenas con el 8.4% de los votos: representaba una corriente política de izquierda y progresista pero con una precariedad organizativa en la geografía mexicana, con 32 comités estatales pero sin representación ni presencia en los distritos y municipios.

Fue López Obrador quien hizo el gasto para posicionar a Morena y su candidatura ante verdaderas campañas de manipulación y de odio como en el 2006 y 2012. Se tuvo claro que con actores políticos bien articulados al sistema (PRI-AN, PRD) francamente no iba a prosperar ningún cambio.

A partir de ahí fue creciendo su liderazgo y simpatía en el electorado, se podía convocar a grandes movilizaciones y mítines pero la capacidad organizativa de Morena no iba a la par con el crecimiento de los votantes. Fue así que AMLO aceptó alianzas y asociaciones no todas compatibles con la Cuarta Transformación. Así llegaron, ex prianistas, caciques, líderes “charros”, grupos corporativos que en algunos distritos y entidades federativas arrebataron el control del cambio.

El “efecto AMLO”, fue inusitado desde el mismo 2018, el electorado mexicano se volcó en las urnas y se empezaron a tener triunfos en las gubernaturas, en algunos estados casi inesperado. Desde ahí se mostró que el Movimiento había triunfado pero los que encabezaron las candidaturas en el senado, las diputaciones y municipios no representaban los postulados de izquierda. Muchos tragamos saliva al tener que votar por antiguos adversarios verdaderos represores y violadores de derechos humanos.

Después vinieron las elecciones federales 2021 y de gubernaturas, y AMLO ya en palacio nacional no pudo enfrentar una avalancha de solicitudes de grupos de poder, de bases militantes y fundadores, de organizaciones populares por lo que dejo a la cúpula de Morena la responsabilidad de la selección de candidatos, y se dijo lo que definiría: serían las encuestas (¡¡), dejando sin oportunidad a la participación de las bases.

Hasta 2024, el “método de las encuestas” no solo generó muchas inconformidades internas sino que simpatizantes se fueron alejando y perdiendo confianza ante postulaciones de personajes poco o nada representativos con la Cuarta Transformación (4T), con los principios políticos y su proyecto de cambio. Es decir, no hubo filtro alguno para tamizar, consultar, deliberar y construir una selección de candidaturas representativas con el fervor popular.

El ejemplo ha sido que los que han llegado con el sello de Morena, cobijándose con la 4T no todos han rendido cuentas, ni siquiera Morena ha podido impedir que llegaran “representantes” ambiciosos, egoístas, avariciosos del poder sin límites y que los espacios que ocupan y ocuparon han dejado una huella de opacidad y desconfianza, en el Senado, las diputaciones, gubernaturas y alcaldías. En el caso de Sinaloa, Baja California, Michoacán, Guerrero, Tabasco mismo, no dejan limpia la casa.

La continuidad de Claudia Sheinbaum y su compromiso con el Movimiento abrió nuevas expectativas para la participación ciudadana. La llegada de Ariadna Montiel trajo propuestas para evitar que las candidaturas sean representativas de la ciudadanía y no tengan antecedentes penales, misóginos o de violación de derechos.

Refrendar el nacimiento de Morena como una alternativa popular y democrática y el triunfo de 2018 implica dar un giro a la participación de las bases militantes, a seguir movilizando al electorado y a la juventud por los derechos ciudadanos y a continuar construyendo el proyecto de la Cuarta Transformación; elegir las mejores candidaturas sería un compromiso con los principios de “No robar, no traicionar y no mentir”.

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