Lecciones de Marco Aurelio a los políticos mexicanos

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RETRATOS HABLADOS

¿Qué diría el emperador Marco Aurelio, quizá el estoico más popular por el poder que tenía como emperador romano, a los políticos mexicanos de la era priísta y morenista? ¿Intentaría alertarlos sobre lo que sucede cuando han sido seducidos por la soberbia? ¿Buscaría prevenir a los hoy poderosos con el ejemplo de lo que le pasó a sus antecesores, o simplemente, como buen estoico, dejaría que el destino se encargara del fatal o triunfal desenlace?

Para Marco Aurelio, el poder no era un privilegio para el regocijo personal, sino una pesada carga de servicio. Al observar la liturgia del poder en México —desde el verticalismo absoluto del siglo XX hasta la actual polarización retórica—, el emperador probablemente comenzaría con una advertencia sobre la impermanencia. En sus Meditaciones, escribió:

«Todo es por un día: tanto el que elogia como el elogiado… Mira hacia atrás: el abismo del tiempo pasado; mira hacia adelante: el otro infinito. En esta infinitud, ¿qué diferencia hay entre el que vivió tres días y el que vivió tres generaciones?» (Meditaciones, IV, 35-50).

Esta cita desmonta la obsesión por el legado histórico que persiguen tanto los herederos de la «Revolución» como los protagonistas de la «Transformación». Para un estoico, la soberbia de creerse indispensable es la primera señal de decadencia moral.

Zenón de Citio, el fundador del estoicismo, planteaba que la verdadera felicidad reside en la virtud, no en el aplauso de las masas o en el control de las instituciones. Zenón solía decir que «tenemos dos orejas y una sola boca, para que oigamos más de lo que hablamos». Esta premisa choca frontalmente con la cultura política mexicana, donde el monólogo prevalece sobre el diálogo y la lealtad ciega se cotiza más alto que la capacidad técnica.

Si Marco Aurelio caminara por los pasillos de Palacio Nacional, recordaría a los gobernantes que el poder es una herramienta para el orden cósmico (la Polis), no para alimentar el ego. Les diría:

«Ten cuidado de no ‘cesarizarte’, de no teñirte de púrpura, porque suele ocurrir. Mantente, pues, sencillo, bueno, puro, respetable, sin arrogancia, amigo de la justicia» (Meditaciones, VI, 30).

Por su parte, Cicerón, aunque no estrictamente estoico pero profundamente influenciado por ellos, aportaría la visión de la República. En su obra De Officiis (Sobre los deberes), fue tajante:

«La justicia es el brillo de la virtud por el cual los hombres son llamados ‘buenos’. Su primer deber es que nadie dañe a otro, a menos que sea provocado por una injusticia».

Para Cicerón, el político que utiliza el aparato estatal para perseguir adversarios o para privilegiar a su facción está cometiendo el más grave de los pecados civiles. La advertencia para la era priísta y la morenista sería la misma: la ley debe estar por encima de la voluntad del príncipe, pues cuando la ley se dobla ante el carisma, la República muere.

¿Dejaría Marco Aurelio que el destino se encargara del desenlace? 

El estoicismo no es pasividad, sino acción consciente. El emperador no se quedaría callado viendo la erosión de las instituciones; actuaría conforme a su naturaleza, pero sin apego al resultado. Entendería que los ciclos de poder en México son parte de una «naturaleza universal» donde lo que sube debe bajar.

El desenlace fatal de quienes se entregan a la soberbia es, para el estoico, una consecuencia lógica del desequilibrio del alma. Al final, el mensaje de estos sabios sería un llamado a la sobriedad: el poder es un préstamo breve, y la única gloria real es haber actuado con justicia mientras las luces del escenario estaban encendidas.

Solo un problema al final de este recorrido por un emperador que gustaba de la reflexión, de la filosofía, ¿imagina a nuestros hombres y mujeres de poder en plena faena filosófica para atender cualquier ataque de soberbia, ante una corte de aduladores?

Parece complicado, pero es el único camino a la posible cura, antes que la enfermedad se haga incontrolable y devore el alma del paciente.

Mil gracias, hasta el próximo lunes.

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