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Una de las cosas más difíciles de vivir solo es que debes aprender a convivir contigo mismo, con tus decisiones, aciertos, errores y contratiempos, pero sobre todo, con las voces en tu cabeza. Esas que te aconsejan sobre lo que está bien o mal.

Pero ser el “Pepe Grillo” de mi cabeza no debe ser tarea sencilla y por eso, de vez en cuando, la cordura se escapa de la fórmula y me deja pensando en decisiones del 2017, que obviamente ya no puedo cambiar, pero que me dejan con un mal sabor de boca al saber que pude haber hecho algo mejor, muy seguramente. 

Y aunque a veces dejo que mi mente libere todas esas cosas que en algún momento debe sacar, mi conciencia suele ponerse filosófica y se pregunta cosas para las cuales no tengo respuestas, esta semana, por ejemplo, me dijo: ¿por qué alguien que juró “proteger y servir” ahora golpea a los ciudadanos?

Y sí, me refiero a las protestas tanto del IMSS como de las “aguas turbias” en Guadalajara, en las que la gente sufrió los empujones para replegarlos, como si las protestas no hubieran sido pacíficas, como si las demandas no tuvieran fundamento. 

Pero la gente se ha acostumbrado a que todo lo que no les afecte directamente debe polarizarse, uno debe tener una opinión sobre todo y siempre hay una intención oculta en todo lo que hacen las personas.

Pero es triste saber que uno no puede dar a conocer su opinión sin el temor a una represión. Es más, uno ya no puede hacer nada sin la feroz opinión pública soplándole en la nuca. Ahí está “lady croquis” para corroborarlo.

Pero dentro de esas malas noticias, también es cierto que hay gente valiente que se atreve a alzar la voz y a exigir los derechos para todos, que se informa, que lee y que aprovecha al máximo la información.

En todas esas cosas pensaba yo, mientras que otra pregunta asaltó mi mente: ¿por qué los políticos pensarán que “hacerse” los influencers les ayudará a conectar con su público, mientras que los verdaderos influencers sí saben respetar la situación y generalmente no se meten en temas “políticos”?

Para mí, un verdadero funcionario público debería cumplir con su labor sin buscar las cámaras y que su trabajo hablara por él o ella, pero en un mundo tan lleno de banalidad como el nuestro, las personas “importantes” están obligadas a colgarse de lo que sea para mantenerse “vigentes”, ¡que asco me da eso!

Y mientras una horda de sentimientos recorría todo mi ser, uno más intenso llegó a mí en forma de una terrible hambre, ¡qué hasta parecían dos! Y fui a hacerme unos taquitos, porque uno no puede entristecerse, enojarse y alegrarse por la humanidad con un hambre tan grande.

Nota: ¡Hasta que la dignidad se haga una costumbre, ni un paso atrás!

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