Un adulto responsable
“Y descubrí un mundo muy complejo,
que estaba en mi imaginación…”
Yo Nunca Vi Televisión (Y Luego Sí
Pero Después No) – 31 Minutos
Hoy en día existe el streaming, la televisión por cable y el pago por evento, pero en mis tiempos no era tan sencillo acceder a algo fuera de la televisión abierta. Yo nací en los tiempos de la transición: conocí las videocaseteras, las rebobinadoras, los cassettes, la televisión a bulbos, los verdaderos lectores de L.P. (no los nuevos que ahora son mal llamados “tocadiscos”) y me tocó usarlos en diversas ocasiones, a pesar de que ya existían productos más novedosos y actuales.
Pero lo que siempre recordaré con felicidad y orgullo es el ver la televisión: a veces por la programación, a veces por con quién la veía y muchas veces también por la comida con la que la acompañaba.
La programación en mis tiempos no era cosa del otro mundo: alguna telenovela infantil (o no tanto), los programas de concursos (nacionales con licencia y extranjeros), las películas y los programas de espanto (ya de grande no me asustan tanto, pero de niños me hacían dormir con la luz prendida) y las caricaturas que se repetían una y otra vez.
Pero a veces lo más completo no siempre es lo mejor, porque tomar la decisión de ver algo que no tienes idea de si será o no una bazofia, antes no dependía de ti, dependía de los programadores de la televisión abierta.
Podías hacer planes para ver cierta película, serie, programa o partido de fútbol, y si te lo perdías, no había repetición. Esos eran planes de verdad, porque hoy, hasta el partido tienes en repetición, aunque tendrías que apagar tu celular un ratito si no quisieras saber antes el marcador.
Claro, existían las videograbadoras, pero programarlas era un desgorre y tener una cinta virgen no era tan fácil como, lo es hoy, apretar un botón.
Antes los buenos programas de cultura y rapidez mental pululaban por todos lados: tenías: “El Rival Más Débil”, “Todo el mundo cree que sabe”, “Escuela para Padres”, entre algunos más, ahora tienes que verlos en el 11 o el 22 solamente, cosa que no era tan sencilla cuando solo había antenas de conejo o, por descuidado y shengo, un alambre de cobre (si bien nos iba).
Hoy la inmediatez y la comodidad marcan la pauta en una televisión que de nuevo se ha vuelto “de cable o de paga”, porque por más que sueltes dinero por no tener anuncios en tu plataforma favorita, un comercial se colará en tu programación, a veces tan sutilmente como en una película de VIX, donde puede salir un refresco de Jarritos o una leche Lala en una escena sin trascendencia.
Hemos vuelto a la televisión de antes, esa de los anuncios, esa de los capítulos cada semana (¿verdad HBO?) y esa de los finales aburridísimos (Stranger Things o Game of Thrones). Y la verdad, ¡qué bueno que sea así!
Nota: La publicidad y la televisión son inseparables desde su nacimiento, y tarde o temprano lo verás.





