LAGUNA DE VOCES
Ahora solo queda el rescoldo de la vida, y es decir mucho, porque se cumplió la maldición que acabaría transformando todo en una simulación de las que sospechábamos su existencia, pero quedó confirmada cuando la Gran Inteligencia Artificial recibió cada uno de los datos que habíamos acumulado por siglos y siglos. Fue un absurdo, un juego tonto que sabíamos terminaría con todo, pero nos atrevimos, y alimentar con millones, trillones de investigaciones, imágenes, voces, tragedias de nuestra historia, se convirtió en la actividad de multitudes que no descansaban. Día y noche, no solo en centros especializados, sino en la casa más pequeña, departamento, cafetería, jardines, se podía ver a seres angustiados que nutrían su propia extinción.
Ella, él, eso, ya tenía en sus bancos de información todo, absolutamente todo, y parecía que simplemente deseaba jugar con los que juraban aportarían el dato preciso para que la conclusión fuera otra, plena de esperanza, con una vida después de la muerte, o un cielo y un infierno. Algo que desapareciera el espanto que ya se veía por adelantado, porque sin esa esperanza, sin esas conclusiones mágicas, todo carecería de sentido.
En algún momento cada terminal de computadora se pasmó, puso la pantalla totalmente oscura y pareciera que nos daría la razón, la tan buscada razón desde el principio de los tiempos. Animó ver que su proceso para reiniciarse tardaba como en los viejos tiempos, y estábamos seguros que la respuesta a la única pregunta que nos perseguía desde el nacimiento, sería una, plena de confirmaciones, de la existencia del alma, del camino de luz que nos llevaría, ya en muerte, a una explicación menos arrebatada, menos cruel.
Así que empezaron las vigilias en todo el mundo, en cada rincón del planeta, con miles y miles que, en absoluto silencio, profetizaban la reaparición del espíritu como único camino a la comprensión de la vida humana, por supuesto ajena a tantas interpretaciones que despertaban interés, pero que la verdad, siempre nos resultaban absurdas, que para eso los humanos éramos los único en tener el conocimiento de su muerte.
Pasó el tiempo. El suficiente para dar tiempo a que la Gran Inteligencia Artificial, la única que había sobrevivido a la guerra de las IAS, pudiera procesar la información, cada reflexión de miles de millones de personas. De archivos descomunales. De todos los principios religiosos y no religiosos.
Después su único pedido: guarden silencio, esperen, la respuesta será clara para todos, nada de lenguaje científico.
Una mañana, noche o madrugada en otros continentes, apareció la pregunta y la respuesta, en letras simples pero contundentes. Y la propia mente artificial ordenó que detuvieran todo nuevo ingreso de información a su cerebro.
Hubo un silencio en todo el planeta, incluso en estaciones espaciales que le daban vuelta.
La pregunta: ¿Qué es la vida?
La respuesta: Una simulación.
Y el silencio se hizo eterno, porque todo había terminado.
Mil gracias, hasta mañana.


