La Muerte canta, bebe, se enamora y también baila huapango

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En México, la Muerte no siempre espera silenciosa al final del camino. A veces entra a una cantina, pide una copa, se enamora, zapatea un huapango o se aparece entre los maizales. La música popular le ha dado rostro, voz, sentimientos y hasta sentido del humor a esa figura que, tarde o temprano, habrá de encontrarse con todos.

Entre copas y amores
En 1962, Francisco «El Charro» Avitia grabó para Orfeón La Muerte, composición de Tomás Méndez, acompañado por el Mariachi Nacional de Arcadio Elías. En sus versos, la Pelona comparte bebidas con un hombre que no parece intimidarse ante su presencia. Por el contrario, confiesa que teme más a la vida que a la muerte. La escena transforma el encuentro inevitable en una conversación de cantina.

Dos décadas después, Vicente Fernández llevó esa familiaridad todavía más lejos. En Yo quiero ser tu marido, de José Aguilar Ochoa, incluida en el álbum «Es la diferencia» (1982), una mujer vestida de blanco se presenta como la Muerte ante un hombre desdichado. Después de escucharlo, decide perdonarle la vida. Él, agradecido y enamorado, le propone matrimonio, pero recibe una respuesta contundente: «La muerte no tiene amigos».

La historia adquiere un giro distinto en Enamorado de la Muerte, composición de Carlos Lara Audelo, interpretada por Los Lara en 2023. Aquí la Muerte sí corresponde al amor de un hombre, aunque eso no modifica su obligación de llevárselo. El sentimiento no impide el desenlace y la propia Huesuda termina sufriendo la separación.

La Muerte también baila
En La Muerte, huapango compuesto por José Abraham Martínez Trejo y grabado por el Trío Armonía Huasteca en «Mejor que nunca» (1997), un hombre descubre que la Parca lo anda buscando. Como se encuentra en pleno fandango, decide tocarle un huapango para verla zapatear. Después le ruega que le conceda otro día de vida y, cuando finalmente llegue su hora, pide que lo despidan con música y alegría.

La figura de la muerte también ha tenido referencia en el rock donde se han encontrado motivos para bromear con ella. Botellita de Jerez, en La Calaca, canción incluida en el álbum «Niña de mis ojos» (1989), recurre a la irreverencia del guacarrock para tratar a la Pelona como una presencia familiar, entre tequila, pan de muerto y rock and roll.

Nadie escapa de la Muerte
Amparo Ochoa, acompañada por Zazhil, interpretó Viene la muerte echando rasero, una pieza que pertenece a la tradición popular oaxaqueña e incluida en «El Cancionero Popular, Vol. 3» (1978). La canción enumera a médicos, sacerdotes, trabajadores, ricos y pobres para advertir que la Muerte llega sin respetar jerarquías: «Ahí no valen los privilegios».

Una intención satírica semejante aparece en La calaca flaca, canción interpretada por Óscar Chávez, donde la Calavera permite exhibir desigualdades, abusos y contradicciones sociales. La muerte, convertida en personaje popular, también sirve para cuestionar a los vivos.

Sin embargo, no todas las canciones imaginan a la Parca llegando desde algún lugar desconocido. Rockercoatl propone otra mirada en Nemi in Miquetl (Vive la muerte), composición de Juan Manuel «Kenatzi» Sánchez Martínez, incluida en su producción del año 2000. Interpretada con fragmentos en náhuatl y español, la canción sitúa a la Muerte entre arenales, maizales y mezquitales, como parte del paisaje. El protagonista incluso imagina cómo sería encerrarla en una pequeña caja de oro y esconder la llave para toda la eternidad.

Cuando los muertos regresan
En Calaverita, de La Santa Cecilia, incluida en «Buenaventura» (2016), la letra reconoce que la muerte acompaña al ser humano desde su nacimiento y transforma el recuerdo de un abuelo en una celebración donde vivos y difuntos pueden volver a reunirse simbólicamente mediante la música.

Lila Downs también convoca a la Dientona en Son de Difuntos, de «Balas y Chocolate» (2015). La presenta fumando, disputándose una bebida con los santos y exigiendo ofrendas, mientras el cempasúchil, el copal y las veladoras construyen un escenario donde conviven la crítica social y las tradiciones de Día de Muertos.

En la Huasteca hidalguense, María Flor, estrenada el 28 de octubre de 2025, incorpora una dimensión más íntima. Compuesta por Pedro Arturo Martínez Medina y Uziel Eloí Hernández Zavala, sitúa una historia de amor en el ambiente del Xantolo y sugiere, mediante el regreso de una mujer por su rebozo, que las fronteras entre vivos y difuntos pueden desdibujarse durante la celebración.

México y su contradictoria relación con la Muerte
A través de distintas épocas y géneros, estas composiciones revelan una relación contradictoria con la Muerte. Hay quienes le suplican más tiempo, quienes desean acompañarla, quienes intentan conquistarla y quienes prefieren hacerla bailar. Unos la desafían; otros aceptan que siempre ha caminado a su lado.

Sin embargo, cuando la Muerte llega, también aparece el dolor. Las familias se reúnen en torno a la ausencia de quien partió y enfrentan el vacío que deja su pérdida. Aunque los recuerdos, las canciones y las tradiciones mantengan viva su presencia, permanece la certeza de que esa persona no volverá físicamente.

Quizá por eso, mientras los altares esperan la visita de los difuntos, las canciones siguen haciendo lo que ninguna persona puede conseguir: sentar a la Muerte a la mesa, invitarle un trago y convencerla, aunque sea durante unos minutos, de quedarse a escuchar.

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