Ni siquiera un penalti en contra y el 0-1 al borde del descanso pudo con el Atlético de Madrid bajo el influjo del Metropolitano, capaz no sólo de nivelar el partido de ida de las semifinales de la Liga de Campeones, a través de otra pena máxima transformada por Julián Alvarez, sino de poner en jaque al Arsenal, larguero incluido (1-1).
Hay parte de daños, las molestias físicas de Giuliano Simeone y el propio Julián Alvarez, cambiados, pero sobre todo hay una reivindicación del Atlético, por cómo encaró el encuentro, por cómo reaccionó y por todo lo que demostró contra el líder de la primera fase de la Liga de Campeones, al que pudo batir en la segunda parte con algo de acierto.
No tuvo la contundencia que exigen este tipo de retos, pero sí muchas de las cualidades que necesita para creer en que todo es posible en el duelo de vuelta del próximo martes en el estadio Emirates de Londres: carácter, ambición, personalidad y fútbol, sobre todo en la segunda parte, cuando mereció más de lo que logró. Queda una segunda ocasión.
Ambiente volcánico, el rugido del Metropolitano es pura energía para el Atlético, que no teme a nadie, mira a los ojos a su rival y lo compite con la voracidad, pero también el temple que exigen duelos con tantos alicientes como riesgos. El detalle es esencial. Cada uno de cada segundo de cada uno de los 90 minutos. Sin concesiones, todo es crucial.
Todo estaba muy medido en la pizarra. No hay nada al azar. Simeone es exhaustivo como nadie, milimétrico en cada espacio. Mikel Arteta también. Cada figura del tablero cumplió una función esencial, cada lance se intuyó decisivo, porque la eliminatoria se jugó al filo, siempre. Todo suceso mantuvo en vilo a cada equipo, hasta que un error lo cambió todo.
Dentro de la suma igualdad, una ocasión de Julián Alvarez, cuyo derechazo fue repelido por David Raya, y otra de Noni Madueke, con un zurdazo que asustó a Oblak y a todos, un fallo fue fatal para el Atlético. Una imprecisión. ‘La Araña’ dejó un balón suelto… Y el Arsenal activó toda su calidad. Odegaard, Zubimendi y Gyokeres, que cayó en el área.
La carga fue de Hancko. Siempre quedará la duda de si fue o no suficiente para derribarlo. Si hizo más el delantero, perfilado solo ante el portero esloveno, por caerse o por seguir erguido. El árbitro, Danny Makkelie, lo señaló de inmediato. No admitió dudas el colegiado, rodeado por los jugadores del Atlético. Por más que gritó Simeone desde lejos, al lado del cuarto árbitro. “No es penal, no es penal”, clamó el entrenador. El VAR lo confirmó. Penalti. Gyokeres lo transformó en el 0-1. Un golpe para el Atlético. Minuto 44.




