La Institucionalización del Poder: De la Espada al Rito

Más Leídas

RETRATOS HABLADOS

La historia política de México puede leerse como una lucha constante por domesticar la ambición humana. Tras el caos revolucionario, la creación de lo que terminaría siendo el PRI no fue solo un acto administrativo, sino un ejercicio de supervivencia colectiva. El gran mérito de este sistema fue sustituir el «canibalismo» de las armas por la disciplina del rito.

Para entender esta transición, es obligatorio volver a Nicolás Maquiavelo. En El Príncipe, el florentino advierte que un soberano debe evitar ser odiado y, sobre todo, debe asegurar la estabilidad del Estado. El PRI entendió que la «guerra intestina» era el camino más corto hacia la ruina. Así, institucionalizó la sucesión. El «dedazo» no era solo un acto autoritario; era, en términos maquiavélicos, la forma de eliminar la incertidumbre que genera la discordia entre las facciones. Al elegir a uno, se sometía a todos, evitando que la energía política se desperdiciara en una guerra civil permanente.

El Legado de Reyes Heroles: La Política es Forma

Jesús Reyes Heroles, el gran ideólogo del priismo, sostenía que «en política, la forma es fondo». Su pensamiento fue crucial para consolidar un partido que no solo buscaba el poder, sino su preservación a través de instituciones. Reyes Heroles sabía que sin reglas claras —aunque fueran no escritas— el partido se devoraría a sí mismo. La disciplina partidista era el «pacto de caballeros» que permitía que la lucha por las candidaturas no terminara en una fractura sistémica. El PRI lograba que el desplazado esperara su turno, manteniendo la unidad como el valor supremo.

Morena y el Retorno al Estado de Naturaleza

En contraste, Morena atraviesa hoy un proceso que parece ignorar estas lecciones históricas. A diferencia del PRI consolidado, Morena no ha logrado transitar de un movimiento carismático a una institución burocrática disciplinada. Lo que vemos es un ambiente de canibalismo interno donde la lucha por las candidaturas se vive como una batalla de suma cero.

Mientras el PRI de Reyes Heroles privilegiaba la «familia política», Morena parece atrapada en lo que Maquiavelo describiría como la debilidad de las tropas mercenarias: grupos que están unidos por la coyuntura del poder, pero carecen de una estructura que los contenga cuando el botín es escaso. La ausencia de mecanismos claros de mediación interna convierte cada proceso de selección en un campo de batalla de denuncias, tribus en pugna y descalificaciones públicas.

¿Institución o Movimiento Perpetuo?

La falta de asentamiento en Morena responde a que el poder sigue emanando de una sola figura, sin que se hayan tendido los puentes institucionales que propone el pensamiento socialdemócrata de Reyes Heroles. Sin el «fondo» que da la ideología compartida y sin la «forma» que dan los estatutos respetados, el partido corre el riesgo de convertirse en una maquinaria que se consume a sí misma.

El PRI evitó la guerra intestina porque entendió que el poder dividido es poder perdido. Morena, en su afán de democratizar o de simular encuestas, ha abierto la caja de Pandora de las ambiciones personales sin tener el contrapeso de una identidad partidista sólida. Si no logran domesticar sus instintos, el «Príncipe» colectivo que aspiran ser terminará víctima de sus propias conjuras.

Puede afirmarse que el Revolucionario Institucional, logró administrar el poder, pero no así la corrupción que impregnó todo, absolutamente todo, hasta lograr su caída, y el surgimiento de Morena, hoy en el camino sin retorno de no saber el camino correcto para que el poder no transforme a cada uno de sus integrantes en personajes siniestros.

Mil gracias, hasta mañana.

Autor

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

Últimas noticias