LAGUNA DE VOCES
Hace rato la nube iluminada por un sol extraño que se animó a salir después de casi todo un día nublado, semejaba una mano que buscaba hacer la sombra de un perro. Casi lo lograba, pero acabó por borrarse y hacer delgada, delgadísima, hasta desaparecer. Igual nos pasa cuando intentamos algo que esté ajeno al escenario donde hemos vivido la mayor parte de nuestra existencia, y si lo hacemos, empezamos a desvanecernos sin que nadie se dé cuenta siquiera.
Como quiera, pese al frío, de repente pudimos ver el azul del cielo, y justamente en ese momento me acordé de esa nueva aportación de los astrofísicos, de los astrónomos, que se acaban de dar cuenta que alguien, algo, se ha dado a la tarea de borrar no un árbol del camino, sin estrellas, sistemas solares completos, porque la fotografía tomada hace 70 años con una tecnología simple de vidrios, daba testimonio de un sitio del espacio pleno de luces. Pero en la última toma, apenas de hace unas semanas, con las mismas coordenadas, el punto exacto para hacer la comparación, se encontraron con un vacío que los dejó poco menos que espantados.
Alguien decidió que le había salido mal el diseño de ese rincón del universo, y mejor que componerlo, lo borró con una goma blanca seguramente, o de las que de un lado eran como del ladrillo y del otro azul. Bueno, el asunto es que estrellas que se supone al morir se convierten en una gigante naranja o en una supernova, no estaban por más que las buscaron.
El problema es que decidieron alejar un poco la toma, y hacer más y más fotografías, con la novedad de que el borrador viene hacia la Vía Láctea. Como siempre que hay una noticia seria sobre eso, luego luego anotaron que no nos va a tocar esa maldad del gran diseñador, y con suerte, si lo de la Vida de Chuck es cierto, al morirnos esfumamos sin aviso alguno todo, absolutamente todo.
Sin embargo, las nubes son blancas, el cielo azul y ha dejado de llover seguramente solo un rato. No, nada es seguro, y por eso la frase recurrente de los que son inconstantes en todo, sobre todo en el amor, de que viven por día, solo el hoy, solo no saber cómo decir que un niño travieso les borró para siempre la palabra eternidad. Ya ven por qué tenía razón la canción nada cursi, “el amor es eterno mientras dura”.
Mañana, por cierto, es decir hoy porque esto se publica mañana, cuando es hoy, empieza la Copa del Mundo de futbol en tres países, en un negocio cínico y descarado con el estilo gringo de echar a perder las cosas hasta hartarnos, hasta hastiarnos, porque nada como ellos para aburrirse de todo y de nada. Ojalá nunca vuelva a registrarse un torneo tan importante para la memoria de muchos, y que sean tres países donde se realice al mismo tiempo. Ojalá respeten por lo menos en esto, la historia de los que vieron el campeonato de 1970. No, en esto lo moderno no mejora en nada el pasado. Al contrario, lo echa a perder.
La noche ya se asoma en la ventana, de alguna manera tal vez amanezca con poca lluvia, y nos descubramos menos amargados a la espera de que los equipos salten a la cancha del Azteca, si antes los de la Coordinadora junto con los de las Normales rurales no logran ser inmolados por las fuerzas del orden, y así arrancar un episodio que sepa Dios a dónde llevaría al país. Puede que ya no haya remedio para nada, porque hasta esa historia de los del lucha lucha, y de los gobiernos obreros a nadie convence, ni a ellos mismo, y hablo de los que mueven los hilos, los que rebasan los 60 años y hoy más que nunca, saben que todo fue una idiotez, un sueño que ahora simplemente utilizan para fines muy diferentes a los de entonces. Porque es cierto, “nosotros los de entonces, ya no somos los mismos”, y mal haríamos en serlo, porque demostraría no una historia de fidelidad a los principios, sino un profundo egoísmo para engañar a los jóvenes, como tal vez ellos mismos fueron engañados.
Es decir que ya se soltó el frío. Es decir que apago las luces, cierro ventanas, y dejo la oficina para empezar nuevamente mañana, aunque con la Copa del Mundo algo cambiará. Eso supongo.
Mil gracias, hasta mañana.




