Pido la palabra
El que quiera llegar a la meta tiene que fregarse en la batalla, no esperemos que las cosas nos lleguen del cielo; el Espíritu Santo seguramente debe estar muy atareado en ayudar a los que de manera urgente lo necesitan.
En muchos casos, no movemos ni un dedo para lograr nuestros objetivos, o bien, cuando tenemos la oportunidad de conocer nuevas experiencias, simplemente desperdiciamos miserablemente el tiempo, faltándonos el respeto a nosotros mismos y a quienes nos rodean.
A algunos, mucho trabajo les ha costado llegar al lugar en donde se encuentran, y si ayudan a los demás, es porque esa gente les ha demostrado que le respetan y además quiere aprender aunque sea un poco de lo que ellos saben.
Pretextos no faltarán para justificar nuestra incompetencia, pues para encontrar excusas en eso sí somos especialistas; siempre habrá más razones para no hacer, que para convertirnos en gente propositiva; y cuando tenemos el agua hasta el cuello, entonces andamos mendigando clemencia.
Si no reaccionamos en nuestra actitud displicente, lo más seguro es que nadie lo hará por nosotros, pues también la gente se cansa de andar dando consejos que nadie escucha; se harta de tratar de enderezar un árbol que es evidente que está sumamente torcido.
Lo mejor de la vida es luchar, aún a riesgo de quedarnos caídos en la contienda, pero tendremos el orgullo de decir: lo intenté.
La vida es difícil y no podemos estar siempre buscando a aquellos que nos la hagan fácil, nosotros somos quienes tenemos que trabajarla, hacerla tal y cual la necesitamos para seguir en la jugada.
Victimizarnos de nada sirve, hacer que otros sientan pena por nosotros tampoco, si acaso funcionará una o quizá dos veces, pero al ver que la actitud no cambia, nuestros mecenas también modificarán su actitud y terminarán por alejarse de aquella embarcación que tarde o temprano se hundirá en la desidia.
¡O despertamos o nos hundimos! Ya basta de estar perdiendo el tiempo en casos y cosas que no producen sino que la gente se vaya alejando de aquel que se encuentra dormido en la oquedad de su propio desastre, ¡no nos tiremos para que otro nos levante!, pues aquel que necesita aprobación para todo lo que hace, entonces estará cayendo en el error de poner su destino en las manos de quienes solo nos adulan para dejar constancia de que ahí estuvimos, y a la vuelta de la esquina, el tiempo habrá borrado todo; por ello, el que quiera azul celeste…que le cueste.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.




