LAGUNA DE VOCES
Además del cenicero que se quedó sin uso mucho antes de que partiera, solo los libros conservaron el orden en que habían sido colocados, unos por tema, otros por el año en que fueron leídos, y una inmensa mayoría, por el camino futuro en que se encontrarían con su dueño. Resultaba hasta gracioso observar la certeza que tenía sobre el tiempo que necesitaba para leer cada uno de esos textos, algunos muy por arriba de las 800 páginas y en casos muy contados, hasta de mil 300.
Como quiera, resultaba una forma acertada para amarrarse a este lado del camino, quedarse todo el tiempo que fuera necesario, y proponer a los dueños de la eternidad, que le obsequiaran un soplo de años más, aunque fuera solo para cumplir la promesa que había hecho de crear una nueva realidad a partir de lo que le aconsejaran los autores de esas páginas.
Por alguna razón que todavía desconoce, le fue dado el visto bueno, lo que de inmediato le generó sospechas, porque de todos es sabido que quienes se dedican a cuidar las puertas del otro mundo, son bastante exigentes para suspender las tareas propias y muy responsables de la muerte.
Era, lo sabía, una oportunidad única que no podía desperdiciar, y por ello estuvo alerta que no fuera una trampa y acabara difunto sin saberlo.
Ahora que miro a detalle el librero, descubro que movieron todo y en tan poco tiempo, me resulta imposible que hayan pensado que no lo iba a detectar. Los temas están revueltos, pero todavía con el orden de las lecturas hechas. Vaya pues, pareciera que hicieron todo a propósito para que me diera cuenta, o alguna broma de mal gusto. Está claro que ya me di cuenta de todo, pero no atino a comprender el sentido de tanta cosa que hicieron, como no fuera alertarme de algo terrible.
He decidido no hacer caso a ningún hecho, digamos cercano a lo inexplicable, y he decidido empezar a leer libros que nunca existieron, en un lugar que no conozco, donde apenas si se oye el susurro de un hombre que mira con curiosidad títulos de viejas historias donde se afirmaba que leer otorga eternidad, y todos sabemos que la eternidad es asunto de difuntos.
¡Vaya, y ni cuenta me di!
Mil gracias, hasta mañana.
@JavierEPeralta


