La muerte del senador estadounidense Lindsey Graham, estrecho aliado del presidente Donald Trump, supone una carrera contrarreloj para los republicanos que deberán encontrar el sustituto para ocupar el puesto en los meses que le quedaban de su término y la boleta de las elecciones de noviembre para retener su curul.
Graham, que falleció de forma repentina a los 71 años, cumplía los seis últimos meses de su cuarto periodo en la cámara alta estadounidense, siendo una pieza clave para crear puentes con la actual Casa Blanca, lograr la aprobación de leyes impulsadas por Trump, y ser una de las voces más duras con Irán y más favorables a Israel y Ucrania.
En junio pasado había ganado por un gran margen las primarias republicanas al Senado por Carolina del Sur y los pronósticos daban por segura su reelección.
Graham deberá ser reemplazado con rapidez para que los republicanos no vean debilitada su mayoría en la Cámara Alta y puedan sacar adelante proyectos estancados antes de las elecciones de medio término.
El mismo Trump ya dejó ver entre líneas la necesidad de poner el acelerador para encontrar su reemplazo.
Horas después del deceso de Graham, el mandatario declaró en una entrevista con Meet the Press de NBC News que ya tenía a un sustituto de su preferencia, pero se abstuvo de revelar el nombre por respeto al senador.
«Tengo a alguien en mente que creo que sería excelente”, dijo el mandatario el pasado domingo.




