OPINIÓN
Hay fuertes implicaciones de las tasas negativas de interés en Europa, originadas en la zona euro, desde donde ya se ha contagiado a los países nórdicos que no son siquiera miembros del euro (Dinamarca y Suecia) y Suiza.
No es posible anticipar cómo y cuándo terminarán las tasas negativas, pero si éstas se prolongan, es posible anticipar problemas globales, tensiones y proteccionismo.
Por la misma razón no se puede aún anticipar en qué nivel va a terminar el peso contra el dólar. El analista de la firma SLJ-Macro, de Londres, Stephen Jen, describe esta expectativa cuando dice que, con excepción de China, es el momento de vender las monedas de cuatro letras. Aunque quizás exagerado, esto describe el tono sobre las monedas de emergentes.
Las tasas de interés negativas en Europa son advertencia sobre problemas potenciales. Las de la zona euro han caído todo 2014 y aún más en 2015. Luego, este año, las compras del Banco Central Europeo (BCE) de 60 mil millones de euros al mes, han generado tasas negativas nominales que pintan un extremo de debilidad. Esto contrasta con la recuperación en Estados Unidos y en Gran Bretaña, países que hicieron sus propios relajamientos cuantitativos con compras de bonos por sus bancos centrales, desde temprano en la crisis. Hoy ambos están en recuperación y se preparan para normalizar sus tasas, con ligeros aumentos.
En la zona euro el BCE quiere hacer lo mismo con un retraso de cuatro años, cuando su economía ya borda en la deflación. Además de crear un abismo entre las políticas monetarias y las tasas de interés entre las zonas económicas más grandes del mundo, Estados Unidos y Europa, esto indica una gran descoordinación.
Lo primero que las tasas negativas revelan es que las economías de la zona euro y aquellas a las que contagie están forzando a los ahorradores a rescatar a los deudores, ofreciendo tasas de interés muy bajas para ver si siguen pagando sus altas deudas y al mismo tiempo reducen el ingreso de ahorradores.
El viernes 17 de abril el rendimiento del bono soberano alemán a 10 años llegó a 0.07% y sus bonos a plazo más corto, hasta 7 años, tienen rendimientos negativos.
Cuando Estados Unidos e Inglaterra recurrieron a esta medida, tenían déficits fiscales altos porque mantuvieron alto su gasto público y emitían bonos. La zona euro está en austeridad, reduce sus déficits y por lo tanto no encuentra suficiente emisión de bonos, lo que causa tasas negativas.
Los ahorradores europeos, en especial los pensionados, cuyos fondos de pensiones compren hoy esos bonos, no estarán recibiendo un interés; por lo tanto su ingreso actual y futuro está cayendo. Lo mismo pasa a las compañías aseguradoras, cuya capacidad de pagar los siniestros depende de que inviertan sus reservas en instrumentos que les paguen un interés.
Un problema aun mayor es el probable contagio a Estados Unidos, en donde hoy el bono a 10 años rinde 1.9% y la Reserva Federal (el “Fed”) quiere normalizar su política monetaria con aumentos graduales de tasas.
Si la prolongación de la deflación en Europa provoca una salida masiva de capitales hacia el dólar, en busca de un mejor rendimiento, además de hundir más a las monedas emergentes, podría contagiarle las tasas negativas y cuando menos causar mucha apreciación del dólar contra casi todas las monedas.
No es imaginable que EU vaya a sentarse pasivamente a ver cómo la zona euro, quien aplica tardíamente su relajamiento monetario, le descarrila su modesta recuperación. La endeble cooperación monetaria internacional será entonces puesta a prueba.
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