OPINIÓN
LIBROS Y OTRAS COSAS
El pasado miércoles 11 de marzo participé en la presentación de un libro: “Óyeme con los ojos”, breve antología de poesía visual novohispana y, además, libro de arte de calidad notable y llamativo formato. Los textos se presentan impresos exquisitamente en grandes hojas que han sido depositadas dentro de una caja muy bien diseñada y armada.
Se trata de una obra de múltiples méritos. Son numerosos sus aciertos: en el plano tipográfico, en la dimensión histórica, en la vertiente literaria y en la ejecución plástica. No es poco decir de un libro publicado en estos años: ¿de cuántos puede decirse algo semejante? Se cuentan con los dedos de una mano… y sobran dedos. Ojalá un libro tan valioso pueda hacerse, en un futuro no lejano, en una edición económicamente más accesible. Los mismos editores pueden encargarse de ello.
Aquí mismo, en esta columna, he declarado mi postura ante las presentaciones de libros, tal y como se acostumbra hacerlas de unos años a esta parte: no estoy en absoluto de acuerdo con los métodos hirsutos que suelen ponerse en práctica para planearlas. Pero esa postura mía no es inflexible: cuando un libro me interesa de veras y creo que tengo algo que decir acerca de él, y me invitan con tiempo suficiente a presentarlo, lo hago con gusto, faltaba más.
Podría decir muchas cosas sobre “Óyeme con los ojos”, título sorjuanino escogido por el antologador, Jorge Gutiérrez Reyna. El libro presenta 17 composiciones poéticas para ser vistas, aparte de leídas: entre otros, hay poemas que pueden leerse de diverso modos y en diferentes direcciones; poemas de versos distribuidos en forma radial, con una letra en el centro que forma parte del discurso, desde luego, y un auténtico prodigio llamado “romance mudo”. Es esta composición, cuyo autor se llamaba Cayetano Cabrera Quintero, una pieza poética sin palabras, sin dejar de ser, cifradamente, un poema con todas las de la ley: está hecha con imágenes alusivas a palabras o a segmentos de palabras; al lector (y espectador, o “veedor”) lo toca ir descifrándolo conforme lo lee-ve. Eso, esa doble operación simultánea, es lo que hacía el lector novohispano; pero a diferencia de éste, el lector moderno necesita un poco de ayuda —el antologador nos orienta puntualmente para entender la obra.
“Óyeme con los ojos” produce admiración y, sobre todo, asombra. No suele ocurrir que un libro suscite estas reacciones en las que se mezclan lo intelectual y lo estimativo. El trabajo editorial es magnífico y al lado del estupendo trabajo crítico y filológico de Gutiérrez Reyna debe ponerse la contribución dibujística del talentoso Mateo Pizarro.
Hace algunos años los editores de “La Dïéresis” emprendieron un hermoso camino. Aprendieron de quienes debían aprender; siguen aprendiendo, con la mejor actitud posible. Aman la literatura y trabajan con denuedo en sus libros artesanales, libros de arte, ediciones de poesía.