UNA EN SAN AGUSTÍN TLAXIACA Y OTRA EN EL ALTIPLANO
De manera trágica, dos personas, inesperadamente, perdieron la vida, luego de ser atropelladas, una en el municipio de San Agustín Tlaxiaca y otra en la carretera Apan-Tepeapulco.
La información sobre el primer arrollado descubre que la madrugada del lunes, al filo de las 05:00 horas, en la calle Álvaro Obregón, esquina con los Hombres Ilustres de la colonia Centro de San Agustín Tlaxiaca se suscitó un atropellamiento, del cual tomaron conocimiento elementos de la policía municipal.
Por la muerte de la fémina fue necesaria la intervención a la agente del Ministerio Público, quien al iniciar sus diligencias corroboró que tuvo a la vista el cadáver de una persona del sexo masculino, quien en vida llevó el nombre de Edgar Cruz Hernández, quien hasta antes de su muerte, contaba con 25 años de edad.
Sobre lo ocurrido, se dijo que la víctima viajaba a bordo de una bicicleta, cuando repentinamente fue atropellado por un vehículo marca Ford, tipo F-150, color rojo, que portaba placas de circulación MLW-22-27 mismo que llevaba al volante a quien se identificó como Francisco Hernández Máximo, de 17 años.
Luego de culminar las diligencias la representante social, Alma Estela Jiménez Téllez, ordenó el levantamiento y traslado del cadáver al Servicio Médico Forense para la practica de la necropsia de rigor.
Así mismo, la noche del lunes anterior, a las 20:30 horas, en la carretera Apan-Tepeapulco, a la altura de donde se localiza el kilómetro 4, se registró el atropellamiento de una persona de sexo masculino de aproximadamente 40 años de edad.
La víctima, a la hora de su deceso vestía pantalón de mezclilla color azul, playera color negra, suéter color negro, botas tipo obreras y aunque inicialmente estaba en calidad de desconocido, posteriormente se corroboró que en vida llevó el nombre de Eduardo Cortes Cortés.
En este atropellamiento, testigos presenciales refirieron no haberse percatado de las características del vehículo involucrado en el mismo, ya que quien iba al volante nunca detuvo su marcha y por el contrario, imprimió mayor velocidad para darse a la fuga, escudándose bajo las sombras de la penumbra.