ANÁLISIS
Los gobiernos alrededor del mundo, sean en México o Malasia, enfrentan un reto universal: tener un impacto real en sus ciudadanos.
Ahora que concluyeron las elecciones federales en México, el tema central será si el gobierno de Enrique Peña Nieto podrá aterrizar sus políticas para que tengan un impacto real en la población.
La población mundial tiene razones para sentirse desilusionada con sus líderes. Estudios recientes de la OCDE señalan que sólo 40% de los ciudadanos confían en su gobierno.
En mi experiencia al frente de la Unidad de Cumplimiento del primer ministro en el Reino Unido y como consejero de gobiernos, he encontrado que la mayoría de los políticos quieren hacer lo correcto. El problema no es la falta de buenas intenciones o incluso de una buena política, sino de cómo una política de cumplimiento tendrá un impacto positivo en la ciudadanía.
Aquí es donde los gobiernos se quedan cortos. Los gobiernos necesitan poner el cumplimiento en lo alto de su agenda o nunca ganarán la confianza de sus ciudadanos. Una parte de la solución es hacer una mejor medición del impacto de los programas gubernamentales.
Hay algunos gobiernos con buena reputación para lograr resultados, como Singapur, Nueva Zelanda o los países nórdicos, con poblaciones pequeñas y sociedades integradas.
Pero incluso en países más grandes hay gobiernos que pueden tener un buen desempeño. En Estados Unidos es ejemplo el manejo que el aspirante a la candidatura presidencial por el Partido Demócrata Martin O’Malley tuvo cuando fue gobernador de Maryland. Su programa CitiStat usó información en tiempo real para distribuir de manera prioritaria los recursos.
La tecnología ofrece también nuevas posibilidades. La iniciativa privada es un buen ejemplo: no pasa un día sin que los supermercados conozcan lo que están vendiendo, lo que está parado en los anaqueles y dónde pueden distribuir mejor sus recursos. La información también ayuda a diseñar y proporcionar servicios acordes con las necesidades de los usuarios individuales. Los gobiernos están lentamente llevando esto a cabo. Australia y Nueva Zelanda son pioneros con sus programas myGov y Result 10, respectivamente.
Hay que alentar la discusión sobre cómo pueden los gobiernos maximizar el impacto de sus programas. Es además vital para reconstruir la confianza entre gobierno y gobernados. Lo que está en juego es mucho más que la popularidad de los líderes políticos.
(Agencia EL UNIVERSAL)