El sentimiento de rechazo a la política y los políticos se puede encontrar hoy en cualquier país al que se mire o al que se llegue. Con frecuencia producto de sus propios merecimientos, el hartazgo en los políticos proviene también del nuevo ecosistema informativo global que, de manera viral y virulenta, pone al descubierto el menor exceso o quebranto del interés general.
Pero, igual, suele dejar inermes a los actores públicos ante magnificaciones, distorsiones e incluso fabricaciones de hechos punibles, sea a través de medios tradicionales, de redes sociales o de sinergias de ambas fuerzas en expansión.
Por ejemplo, la animosidad, producto de ese ecosistema, contra y entre actores políticos, y sus efectos en la polarización y fragmentación de la vida pública y en la incertidumbre en el futuro inmediato, estuvieron presentes la semana pasada en los más confiables análisis de la prensa y la academia del Reino Unido.
En plena campaña, a dos semanas, hoy, de sus elecciones generales, la incertidumbre no sólo proviene del empate en las preferencias entre el actual primer ministro conservador, David Cameron, y el líder laborista, Ed Miliband, sino de si el precario ganador forma su frágil gobierno en coalición con los independentistas escoceses o con los demócrata-liberales. Y es que, entre otros efectos, la composición partidista en una ineludible alianza tendrá implicaciones en la permanencia británica o su separación de la Unión Europea.
Indigencia. A su manera, en el marco del año dual México/Reino Unido, en la Feria del Libro de Londres —en la que nuestro país fue, la semana pasada, un brillante invitado de honor, por el profesionalismo de sus editores, la calidad de sus autores invitados y la eficacia de sus instituciones culturales— algunos de los expositores mexicanos expresaron también sus filias y fobias frente a muestro espectro político, con el telón de fondo de nuestro propio proceso electoral y sus propios escenarios de incertidumbre, a seis semanas de la votación.
Además, en nuestros medios, como en los de UK, abundan análisis críticos a los partidos, a sus líderes y a sus candidatos. Recomendables, el artículo aquí de Gabi Warkentin sobre los spots del PAN y la idea lamentable de sus creadores sobre el lenguaje como visión del mundo de los votantes mexicanos, y el de Jorge Chávez Presa, también en estas páginas, sobre la pobreza de las plataformas electorales partidistas. Aunque, claro, luego nos enfrentamos a expresiones, críticas o conformistas, en nuestros medios, tan indigentes como las de los partidos en sus spots y sus propuestas al electorado.
Y es que las diferencias en este campo son mayúsculas, sobre las semejanzas que, a simple vista, muestra el nuevo ecosistema informativo global en países como el Reino Unido —que ahora celebra ocho siglos de su Magna Carta en ruta a su revolución parlamentaria— y México, que hace apenas quince años llegó a la competencia electoral plena y al equilibrio de sus poderes constitucionales.
Votar y no votar. Se pueden encontrar más semejanzas. Por ejemplo, en ambos países hay interpelaciones contra el proceso electoral mismo: en México, montadas en la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. En el Reino Unido, a cargo de emigrantes musulmanes que en sus posters oponen la democracia a los principios de Alá, según reporta The Times del sábado. Y tanto aquí como allá se registran sentimientos contra la utilidad del voto.
Pero también en esto abundan las diferencias: la sección sabatina ‘Life & Arts’ del Financial Times abrió con un ‘Llamado de advertencia a todos aquellos hartos de la política’ en el que el especialista Jeremy Paxman ofrece todas las razones para votar. Y The Independent, The Guardian, The Telegraph, todos, incluyen secciones sobre los efectos de la formación de un gobierno u otro, en el sistema de pensiones, los impuestos y el régimen de propiedad. Algo todavía impensable en nuestros medios a partir del vacío programático de los partidos.