Hay destinos que nacen entre pinceles

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Por: Dian Quintero 

Hay quienes pasan toda una vida en busca de su vocación. Otros descubren, con el paso del tiempo, que aquello que parecía un simple pasatiempo siempre marcó el rumbo de su historia. Alexandra Rentería Palacios, pertenece a este último grupo. Ella suele decir que no encontró el arte; fue el arte el que la encontró. 

Desde niña disfrutó el dibujo y la pintura. Sin embargo, como ocurre con muchos jóvenes, escuchó que dedicarse al arte representaba un sueño poco realista. 

Durante algún tiempo creyó que debía tomar otro camino, hasta que una pregunta comenzó a acompañarla: ¿qué pasaría si algún día mirara hacia atrás con el arrepentimiento de no haberlo intentado? Esa inquietud encontró respuesta cuando tomó un curso de acuarela en el Centro de las Artes del Estado de Hidalgo. Allí conoció a personas que, después de muchos años, regresaban al arte porque las circunstancias no les permitieron elegirlo antes. 

Aquellas historias cambiaron la suya. En ese momento decidió estudiar la Licenciatura en Artes Visuales de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y apostar por aquello que realmente la hacía feliz. 

Aunque la acuarela ocupa un lugar especial en su formación, el grabado terminó por convertirse en el lenguaje que mejor representa su forma de crear. Lejos de buscar resultados inmediatos, encontró valor en la paciencia, la precisión y la constancia. Los errores, las placas repetidas e incluso las manos lastimadas dejaron de representar un obstáculo para convertirse en parte del aprendizaje. Para Alexandra, la pieza final conserva la memoria de todo ese proceso. 

Su crecimiento artístico encontró un momento decisivo con Alas de polinización, proyecto inspirado en la relación entre los colibríes, las plantas polinizadoras y una creencia familiar que considera a estas aves mensajeras de quienes ya no están. La propuesta dio origen a su primera exposición individual y recibió el apoyo del Programa para la Transformación Artística y Cultural 2025. Sin embargo, la experiencia no terminó dentro de la galería. Alexandra decidió regalar plantas a los visitantes para fomentar el cuidado de los polinizadores y demostrar que una obra también puede extender su significado más allá de los muros de una sala de exhibición. 

Su interés por compartir el arte también encontró espacio en proyectos colectivos. Participó en los murales Mujeres Mineras, en San Guillermo La Reforma, y Memoria de tierra y sudor, en Real del Monte, experiencias que fortalecieron su convicción sobre el valor del trabajo colaborativo. Esa misma idea dio origen a Hoja de Plata, colectivo del que es fundadora y que busca abrir nuevos espacios para la creación, la difusión y el encuentro entre artistas hidalguenses. Más tarde, su obra llegó a la Galería Vórtice, en la Ciudad de México, y a Vniversalis Estudio de Arte, en Querétaro, experiencias que asumió como un impulso para aprender y fortalecer una voz propia.

Hoy, su producción toma un nuevo rumbo. Sin abandonar la naturaleza como fuente de inspiración, dirige su mirada hacia temas sociales, especialmente las violencias cotidianas que enfrentan las mujeres. A través del grabado, busca provocar preguntas, despertar conversaciones y ofrecer nuevas formas de mirar aquello que con frecuencia permanece oculto.

Alexandra Rentería aún tiene muchos proyectos por delante, pero mantiene intacta la certeza que transformó su vida hace algunos años. El arte encontró el camino para llegar hasta ella y, desde entonces, decidió responder con trabajo, sensibilidad y constancia. Quizá esa sea la enseñanza más valiosa de su historia: la vocación aparece cuando existe el valor para escucharla y la determinación para convertirla en una forma de vida. 

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