RELATOS DE VIDA
I
“No deja de hacer frío. Personas conocidas y desconocidas llegan, me saludan, me abrazan. Se sientan, y después de un rato se despiden y me vuelven a abrazar.
El frío sigue, ya me puse un suéter, también una chamarra, la gente continúa llegando, traen flores, la sala cambia su olor, pero sigue haciendo frío.
Ya conté alrededor de veinte ramos florales y quince coronas, la cafetera ha sido rellenada cuatro veces, han colocado galletas en cinco ocasiones, y renovado los sobres de té por lo menos en dos, y sigue haciendo frío. Estoy tan cansada…”
II
Karlita por fin se durmió, pasó más de 12 horas entre saludos, despedidas, abrazos y agradecimientos… A sus 11 años, está tomando las cosas de la mejor manera, aunque parece que aún no lo entiende completamente.
Esa mañana, se levantó temprano para ir a la escuela, después de vestirse y completar su rutina diaria, bajó a la cocina. Carlota, su madre la esperaba con los hotcakes y su vaso de leche listo.
—Te apuras, voy rápido a la tienda por el jamón para tu sándwich, no tardo. De regreso ya te quiero lista— había dicho su mamá.
III
La sala se está vaciando, resiste la familia y los más cercanos. Sirven otra tanda de café. Renuevan los sobres para el té. Colocan más galletas. Pasan a realizar una limpieza rápida. Karlita sigue profundamente dormida en un sillón.
—¡Ayuda! Por favor ayúdenla— susurra la niña dormida en el sillón, —mamita, aguanta, por favor aguanta, no cierres los ojos, quédate conmigo— pronuncia pese a estar en un letargo profundo, luego su cuerpo comienza a temblar, abre la boca pero de ella no sale palabra, quienes la ven se acercan a ella para calmarla, hasta que se escucha —mami, noooooooo— y se incorpora en el sillón.
Roberto, su tío materno, se acerca para abrazarla. —Tranquila mija, estamos contigo— le dice con seguridad, luego gira la vista al ataúd que está a unos cuantos pasos. Karlita suelta el llanto como si todo se hubiera reiniciado y cierra los ojos para tratar de convencerse de que todo es un sueño.
IV
Después de dar las indicaciones a su hija, Carlota salió apurada a la tienda, pidió un cuarto de jamón, pagó y caminó rumbo a su hogar, escuchó el motor de un automóvil que circulaba a gran velocidad, se giró para verificar de qué se trataba, observó medio cuerpo de una persona en la ventanilla del copiloto, que sostenía en su brazo estirado una arma y comenzó a disparar en dirección a la tienda de la que pocos minutos antes había salido, intentó tirarse al piso pero el tiempo no le alcanzó. Todo pasó tan rápido, que al tocar el asfalto, sus signos habían desaparecido.
Karlita se puso de pie, se acercó llorando al féretro de su madre y la miró inerte, abrazó la caja de madera y el frío fue más intenso.


