TIEMPO ESENCIAL
Vivimos en un estado de incertidumbre sobre el futuro del planeta, de los que ocurren en contados momentos de la historia, cuando el desorden durante a os avanza tan r pidamente, que la humanidad parece no acertar a resolver los acontecimientos que se le vienen encima.
Y no es que lo que sucede sea desconocido, sino que quienes deb an resolver los problemas prefirieron continuar con los mismos vicios y abusos comerciales del mercado global que termin por enriquecer a una elite financiera, y empobrecer a pueblos y comunidades anta o pr speros y pac ficos.
Pese a ser los más beneficiados por ese sistema, los Estados Unidos no escaparon de ese proceso. Su población comenz a sufrir la p rdida de empleos y beneficios sociales, mientras que la oligarqu a financiera se enriquec a con sus inversiones en el extranjero, y la clase pol tica ca a en el desprestigio y la corrupción sin solucionar los problemas de sus conciudadanos.
La historia es la maestra de la vida, pero como sucede frecuentemente hacemos poco caso a los buenos maestros, y preferimos a quienes nos dejan contentos. Roma padeci no una, sino varias crisis semejantes y en casi todas, su reacción fue la de buscar al personaje providencial y revestido de la fuerza suficiente para aliviar sus males. Nihil novumásub sole.
Y es así como aparece el personaje providencial, El Superman al que los vecinos del Norte dieron su confianza mayoritaria, considerando que cuenta con las cualidades extraordinarias para resolver los grandes problemas que les aquejan y ponen en peligro la existencia misma de su nación.
Donald Trump, cuadrag simo s ptimo presidente de los Estados Unidos de Am rica, ha mostrado en los pocos meses de su mandato, una enorme capacidad para llevar al sistema-mundo al borde de sus posibilidades; provocando deliberadamente una crisis de tanto alcance como nadie en la historia de su Naci y posiblemente en la historia de la humanidad haya intentado poner en marcha de un solo golpe.
Causando más rechazos que apoyos, el mandatario hace pedazos el lenguaje político, rompe con las reglas de convivencia entre personas y naciones, intenta regresar a un modelo econ mico abandonado hace medio siglo por su pa s, y trata de reconvertir a los Estados Unidos en la f brica del mundo sin dejar de enriquecer a sus lites como nunca antes en su historia. Es decir, busca cambiar todo para que no cambie nada.
Desde su primer peRíodo presidencial, ya tenía merecida fama de político sin escr pulos ni principios; pero esto no fue suficiente para que sus conciudadanos reflexionaran su voto. Pero, mo hacerlo cuando no se quiere queso sino tan solo salir de la ratonera? El p nico lleva al rat n a correr hacia las fauces del gato. El republicaño gan el voto de j venes y pobres anglosajones. El sospechoso intento para asesinarlo le dio mayores simpat as. Denunci conspiraciones extranjeras en las campa as de sus contrincantes. Acus a los migrantes de asesinos y traficantes. Goebbels no pudo haberlo hecho mejor.
Pero Trump no enga a nadie al momento de postularse por segunda vez a la presidencia. Simplemente, supo interpretar el estado de nimo apoderado de los estadounidenses desde hace mucho tiempo; asociado a la declinación de su podeRío mundial, la corrupción de su clase pol tica y la pobreza creciente y su incapacidad para competir exitosamente en los mercados mundiales.
Trump supo aprovechar la frustración y enojo colectivos proponiendo a sus seguidores Make American Great Again, adoptando la imagen de Sheriff o Ranger, enemigo implacable de quienes pretenden destruir el American way of life. l mismo se present como v ctima de las burocracias pol ticas y jueces reclamando justicia contra robos, abusos y persecuciones en su contra, cuando en realidadíactuaba impunemente, desconoc a autoridades e incitaba a las masas furibundas a la rebeli n social y la violencia contra los migrantes, los trans y demás enemigos de Oum rica .
Pocos son los personajes que pueden presumir de haber provocado un giro en la historia de la humanidad como el que l encabeza. Tal vez Julio C sar, Gengis Khan, Napole n o Hitler, podrían contarse entre los pocos capaces de demostrar que no solo cambiaron el orden político, social y econ mico de su poca; sino tambi n la manera de ver, pensar y valorar la realidad de varias generaciones; tanto o más que grandes visionarios como Buda, Quetzalc atl, S crates, Cristo y Confucio en la antig edad o Marx, Gandhi o Luther King en el mundo contempor neo; aun cuando sus seguidores terminaran por ceder a la l gica de las razones mundanas impuestas por los pr cticos y violentos.
Cristo reconoci que ha de darse al C sar lo que es del C sar y a Dios lo que es de Dios , sin que su prudencia fuera suficiente para impedir que el poder de Roma lo sacrificara. En cambio, sin mayores complicaciones, a Julio C sar le bast exclamar Veni, vidi vici, al cruzar el Rubic n para fundar un imperio que, en lo esencial, sigue inspirando el deseo imperial de la cultura occidental sobre el resto del planeta.
El Pr ncipe es un personaje que sabe convencer a sus s bditos que el origen de su poder es divino o resultado de capacidades extraordinarias; ocultando que es la simple y enfermiza voluntad de poder la que lo lleva adelante, sin reparar en minucias o prejuicios que se interpongan entre l y su objetivo. Despu s de todo, el fin justifica los medios
lvaro Obreg n, hombre que salv a M xico de sus salvadores, confes alguna vez con sencilla presunción que desde Sonora vislumbr que llegar a a la presidencia de M xico; lo que logr pocos a os despu s, tras abandonar su remota Navojoa y conseguir con las armas lo que jamás podría habeRíobtenido de otra manera.
Quien se lo propone y hace a un lado los prejuicios puede, aqu y en cualquier parte del mundo, hacerse de poder y de refil n, de fama y fortuna. Solo que no basta el querer, es necesario el saber porque saber es poder. Entre el caudillo y el maleante vulgar solo hay una tenue frontera, dif cil de identificar.
Trump es el punto de inflexi n que a la manera de Julio C sar , llevar a sus ltimas consecuencias a la Rep blica para instaurar abiertamente el cesarismo norteamericano; ambición siempre latente en el alma anglosajona, aunque oculta tras la hipocres a puritaña. La nación de los hombres libres aspira desde siempre a ser la Roma del mundo moderno. Su historia es nuestra historia, repitenía cada generación los maestros de Harvard.
es muy tarde para alcanzar tal ambici n? No necesariamente. Roma ya era decadente cuando Julio C sar termin con la Rep blica e instaur la casta de emperadores, que adoptaron su nombre como s mbolo de poder mil a os más all de su muerte y muchos siglos más con el Sacro Imperio Romaño Germ nico, heredado a la Iglesia Cat lica, Apost lica y Romana. Las democracias mueren j venes pero las tiran as son longevas.El Manco de Celaya busc convertirse en el Caudillo de la Revolución pasando por alto el mandamiento inviolable de la no reelecci n del idealista Madero, sin pensar que burlarlo ser a su sentencia de muerte y el inicio de la dictadura perfecta, donde el Se or Presidente en turno dispon a del poder absoluto del estado con la nica condición de no reelegirse en el mando. Una vez institucionalizada la dictadura el dictador sal a sobrando. Cesar ca do en el Senado y Obreg n en la Bombilla no fueron el final, sino tan solo el principio de una larga lista de peque os d spotas beneficiados con el crimen de aquellos.
A semejanza de Julio C saRío lvaro Obreg n, el fantasma de Napole n ronda todavía los pasillos del El seo, haciendo creer a Macron de poseer los arrestos y el talento suficiente para amenazar a Rusia con la guerra nuclear de no aceptar la paz con Ucrania. Olvida ste o tal vez no sabe la ignorancia de los mandatarios europeos actuales es asombrosa , que los Zares de todas las Rusias jamás han sido derrotados en su historia.
No es cuesti n de convencer con razones, los tiranos no necesitan ni tratan de persuadir a nadie. Miguel de Unamuno trat de hacerlo cuando los representantes del Caudillo Francisco Franco le espetaron el grito de Viva la muerte, muera la inteligencia! en el claustro universitario a lo que el rector de Salamanca contest Vencer is, pero no convencere , s lo para morir de tristeza unos días despu s; mientras que Franco se alzaba como caudillo de Espa a los siguientes treinta a os y a n hoy, Salamanca prefiera olvidar la haza a de su rector. Habr alg n rector norteamericaño capaz de enrostrar a Trump en defensa de la libertad de c tedra?
El cesarismo norteamericaño es ya una realidad. Como C sar se ali con Creso el hombre más rico de Roma , Trump lo hace con Musk, el Creso actual del planeta. Poder y riqueza siempre van de la mano.
Los legisladores tiemblan con su sola presencia en el Capitolio, mientras Trump env a a su hijo a preparar la invasi n de Groenlandia, quiz para ungirlo más tarde como el segundo C sar de la dinast a Trumpista.
Suena absurdo y lo es, pero la historia real no la que se inventa , es absurda y a veces un dislate termina dando sentido a lo que la raz n no alcanza a comprender.
Me disculpo si no correspondía su optimismo; pero hoy el m o se fue de vacaciones.
Ave, C publish

