Entre la fe y la devoción, creyentes  acompañan a la Niña Blanca en su recorrido  por las calles

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Entre rezos, muestras de devoción y una multitud de imágenes de distintos tamaños, cientos de fieles de la Santa Muerte recorrieron las principales calles de Pachuca durante la tradicional procesión que, desde hace más de dos décadas, reúne a quienes depositan su fe en la también llamada Niña Blanca.

La caminata partió de la Catedral de la Santa Muerte alrededor de las 10:30 horas, ubicada en la colonia Plutarco Elías Calles, desde donde los creyentes emprendieron su recorrido por la capital hidalguense, algunos descalzos, otros con sus imágenes entre los brazos y varios más acompañados de familiares y amigos.

A lo largo de la procesión destacaron las distintas representaciones de la Muerte y otros seres esotéricos y satanistas: como el Angelito Negro y Baphomet. Estatuillas que los devotos llevaron consigo, las figuras avanzaron entre una caravana de vehículos adornados especialmente para la celebración.

Alrededor del medio el Centro Histórico de Pachuca, se vio coloreado por el tumulto de gente que cargaba imágenes de “La Flaquita” vestida de distintas formas, mientras el Reloj monumental, testigo permanente de los sucesos de la capital hidalguense, fungió una vez más como escenario para las fotografías del recuerdo. 

Para algunos participantes, caminar descalzos representa una muestra de sacrificio y agradecimiento; para otros, cargar sus imágenes constituye una manera de expresar la fe que profesan y mantener viva una tradición que ha pasado de una generación a otra.

“Yo le prometí a la Niña Blanca venir cada año mientras pueda hacerlo, y llevo cinco años. El año pasado pensé que no iba a poder porque no tenía dinero y al final todo se dio, así es la Niña Blanca, cuando haces todo por cumplir te recibe con brazos abiertos” , expresó una de las creyentes originaria de la región Huasteca.

La multitud avanzó por las calles de Pachuca y convirtió el recorrido en una manifestación pública de creencias, donde la figura de la Muerte, habitualmente asociada con el final de la vida fue el centro de las expresiones de esperanza, protección y gratitud de sus seguidores; mientras tanto, gente no creyente miraba de distintas formas, con incredulidad, asombro, reproche, y hasta miedo,  al contingente . 

Finalmente, regresaron a la denominada Catedral de la Santa Muerte y Palacio de Luzbel, edificio administrado por el Obispo Negro, Óscar “El Perro” Pelcastre Almanza, quien ha hecho posible que esta procesión se realice de manera ininterrumpida durante más de 20 años y forma parte de las celebraciones que los devotos organizan cada noviembre en honor a la Santa Muerte. 

De esta forma, entre imágenes, promesas y manifestaciones de fe, la capital hidalguense fue escenario de una tradición en la que cientos de personas salieron a las calles para caminar, una vez más, al lado de La Madrina. Cabe destacar que el programa de actividades incluyó el canto de las mañanitas, convivencia con peregrinos y algunas otras actividades dedicadas a la Santa Muerte.

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