RETRATOS HABLADOS
Hay que precisarlo: la relación entre Enrique Dussel y el fenómeno de la 4T representa el choque entre la pureza de la ética de la liberación y la pragmática del poder. Aunque existieron coincidencias iniciales en la retórica del «bien común» y la opción preferencial por los pobres, el balance final desde la óptica dusseliana revela una brecha insalvable. La tesis es clara: nos enfrentamos al camino imposible de un político, AMLO, que enamoró a un pueblo, pero que, al final del día, nunca tuvo la verdadera capacidad de sufrir lo que sufre el pueblo, dejando una nación donde la justicia sigue siendo un concepto abstracto y no una vivencia cotidiana para las víctimas.
Dussel advertía que el poder se corrompe cuando se vuelve autorreferencial. Mientras el filósofo exigía que el gobernante se dejara interpelar por el «Otro» —la madre buscadora, el indígena desplazado, la mujer violentada—, el ejercicio del poder en México se cerró en un monólogo. Para Dussel, el político auténtico debe ser «el que sirve», aquel cuyo ejercicio de la potestas es una obediencia a la potentia popular. Sin embargo, cuando el líder se sitúa por encima del dolor ajeno y descalifica a la víctima que le cuestiona, ocurre lo que Dussel llamó la «fetichización del poder». El gobernante ya no sufre con el pueblo; se sirve de su esperanza para consolidar una estructura que, aunque se dice de izquierda, mantiene intactas las jerarquías de exclusión.
La conclusión es amarga: sin esa empatía radical que Dussel exigía como requisito ético, la transformación se queda en una mudanza de élites. El futuro que le espera a México es el de una sociedad que deberá aprender a caminar sin mesías. La justicia no llegará por decreto ni por carisma, sino por la reconstrucción de una base popular que entienda que el «mandar obedeciendo» no es un eslogan de campaña, sino una vigilancia ética permanente. El reto será transitar de la seducción del líder a la verdadera autonomía de la comunidad, antes de que el desencanto se convierta en la nueva norma política del país.
Enrique Dussel (1934-2023) no fue solo un académico, sino un arquitecto del pensamiento descolonial. Argentino de nacimiento y mexicano por elección tras su exilio en 1975 —luego de sufrir un atentado con bomba por sus ideas—, Dussel se consolidó como uno de los fundadores de la Filosofía de la Liberación. Con más de 70 libros y un pensamiento que dialogó de tú a tú con figuras como Heidegger, Marx y Levinas, su vida fue un testimonio de resistencia intelectual frente a la hegemonía eurocéntrica.
Su biografía está marcada por una búsqueda incansable: situar al «pobre», al «excluido» y a la «víctima» como el centro de cualquier sistema ético y político. Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y en Historia por la Sorbona de París, fue rector interino de la UACM y un referente moral para la izquierda latinoamericana, aunque siempre mantuvo una distancia crítica frente a la tentación del poder absoluto.
Para quienes deseen profundizar en su propuesta y contrastarla con la realidad política actual, les recomiendo las siguientes lecturas esenciales:
- “Ética de la Liberación en la edad de la Globalización y de la Exclusión”: Su obra cumbre, donde establece que cualquier sistema que produzca víctimas es éticamente inválido.
- “20 tesis de política”: Un texto fundamental y accesible para entender cómo debería funcionar un gobierno que realmente busque «mandar obedeciendo».
- “14 tesis de ética”: Ideal para comprender la distinción entre la corrupción del poder y el servicio a la comunidad.
- “Filosofía de la Liberación”: El manifiesto fundacional que explica por qué el pensamiento debe nacer desde la periferia y no desde los centros de poder.
Mil gracias, hasta el próximo lunes.




