RETRATOS HABLADOS
Siempre ha sido para saber que después de todo, hay una realidad en que podemos ganar, hacernos triunfadores igual que los jugadores, y corear porras, mirar un destino menos amargo en tiempos que pareciera es la única vocación real de la gente. Y sí, es posible poner en las piernas de once jugadores, incluido el portero, un poco de la esperanza que desde hace mucho tiempo se le niega a casi todo. Pero el fútbol es el fútbol, y como sabemos que, si al final de la jornada, resultan vencidos, solo viviremos unas horas, tal vez un día, de absoluta tristeza, para luego argumentar que, después de todo, cuando menos nos convocaron al olvido, sí, a no ver la realidad; sí, soñar como cuando niños en que un día brincaríamos en la cancha del Estadio Hidalgo, nada de “Huracán” como quería aquel simpático argentino al que le decían “profesor”.
Además que una desilusión tan de terciopelo, porque muchas veces ganan, se perdona por adelantado, sin ningún problema, que para eso está uno: para la ilusión de lo que un día puede que se haga realidad, o puede que no, pero quién jijos nos va a quitar lo bailados de dejar uno a cero contra los Pumas.
Los otros, los que cada elección piden la confianza que porque ahora sí va la buena, hace muchos, pero muchos años que simplemente los miramos, y simplemente les negamos el poco amor que sobrevive, pero nunca les decimos que sí. Porque si hay poco, que sea para el fútbol, esa antigua, antiquísima ilusión del campeonato, de retomar esos tiempos cuando todo era felicidad, y hasta llegábamos a creer que sí, que todo era por el deporte, nunca por más y más dinero, más y más posesiones, más y más poder.
Ayer como quieran ganaron, y aunque como dicen los católicos, “en la institución no confío, pero en el mensaje de Cristo sí”, lo mismo pasa con el Pachuca, que, en momentos de tanta incertidumbre en los terrenos de la realidad, cuando el empleo se tambalea, los recibos de luz, agua y todo eso que nos habla de ser simples mortales, se acumulan bajo la puerta, y llueven mensajes porque la tarjeta no se pagó, y todo eso que usted que me lee conoce. Cuando todo eso pasa, de repente se atraviesa un partido de semifinales, y aunque con desconfianza, de repente ya nos enteramos de que un jugador de Marruecos, que por nombre de nacimiento se llama Oussama Idrissi, ha decidido mejor le llamen “Isidro”, y nadamás por eso ya nos cayó bien igual que a toda la afición Tuza. Nadamás por eso detenemos el camino cotidiano hacia la conmiseración, y corremos a ver el primero, el segundo tiempo, para confirmar que eso de ser aficionados a esos menesteres nunca se pierde, porque es asunto de familia.
Entonces recordamos las facultades reales de un hermano para que hubiera sido un jugador de nivel mundial, y los años en que pasábamos mañanas y tardes en el deportivo en un juego tras otro con los mismos rivales, los que cada semana llegaban puntuales, unos hasta con la maleta con el uniforme de la fábrica donde trabajaban; pero cumplidores, ciertos de que un mes más, un años, muchos años, nos veríamos en la cancha de pasto amarillento, y sobre todo tierra, para cumplir el ritual único de soñar en el futbol.
Todo eso lo había olvidado, pero todo eso siempre lo trae uno en la memoria, porque fueron buenos tiempos, porque la mera verdad no pretendíamos otra cosa más que divertirnos, todavía uno casi niño, intentar narrar en silencio que era el portero que detenía verdaderos bólidos, y narrar como lo hacía en esos tiempos Ángel Fernández, y todo eso que nos hacía olvidar una realidad complicada, desde entonces.
Luego entonces uno olvida las afrentas, los engaños de un deporte que también es el negocio redondo, casi como el de la política. Luego entonces, uno vuelve a soñar, a pensar que después de todo es el único gusto que nos podemos dar a estas alturas, y estar ciertos que jugar futbol tanto, pero tanto tiempo, fue el mejor camino para encontrar un sentido real a la vida misma, porque nos mostró que funcionó para sonreírle a la existencia.
Mil gracias, hasta el próximo lunes, día en que seguramente el Pachuca ya se enfila a jugar la final.




