PEDAZOS DE VIDA
Los engranes volvieron a girar y comenzó el vértigo. Al principio tardaban demasiado en completar una vuelta; ahora no se detienen y, conforme avanza el tiempo, aumentan su velocidad; verlos es complicado. Fabricados por el hombre, convertidos en nada, ahora controlan todo.
Con el avance de las grandes industrias los procesos manuales y los conocimientos ancestrales se derrumbaron. La vida se hizo más fácil y ya no hubo necesidad de aprender nada que no fuera esencial: activar el dispositivo, apagar el dispositivo. Incluso la carga energética está automatizada y, en caso de alguna falla, los humanoides se encargan de solucionarla.
Las casas dejaron de ser de piedra, la innovación y la tecnología generaron casas armables, ecológicas y transportables. En los anuncios las venden como «increíblemente resistentes» contra lluvias, huracanes, tornados y bombas. Sin embargo, nadie ha tomado en cuenta al tiempo, duran lo que una vida y, si deja de gustarte el viejo diseño, compras otra y listo.
Hace un par de siglos, la gente todavía se preguntaba cómo habían hecho las antiguas civilizaciones para construir diversas y perennes maravillas. Existía el asombro por el pasado y por los misterios que rodeaban situaciones que desafiaban la lógica y el intelecto humano.
Ahora ya no hay tiempo para eso, el mundo se ajusta, se autorregula y el conocimiento pasó a segundo término, cualquier problema, cualquier ecuación puede resolverse con la Inteligencia Ponderada, ese mecanismo que permitió abrir paso a este nuevo planeta sin necesidad de líderes o de hombres hambrientos de poder.
La Generadora no lo permite, está hecha para eso. El último consejo de ancianos logró hacerla funcionar para garantizar la vida, evitar la sobrepoblación y autorregularse al menos por quinientos años. Fue la última decisión tomada por hombres y por hombres varones, quizá si en ese consejo hubieran estado las abuelas, hoy todo esto sería diferente.
Mañana otra generación morirá. Es parte del contrato que nadie firmó. No hay enfermedades, no hay problemas ni accidentes; pocas veces hay muertes no programadas y, aun así, el sistema está listo para atenderlas.
Dicen que antes, cuando no existía la Generadora, la gente les lloraba a sus muertos, los enterraban en grandes extensiones de tierra y se les recordaba de alguna forma. Es poco de lo que sabemos. Ahora, solo mueren y ya.
Cuando los engranes giran nuevamente comienza el vértigo, pero no hay resistencia. Eso de llorar era muy estúpido. Finalmente lo tenemos que hacer y sabemos con exactitud cuándo ocurrirá.
El conocimiento está en la Generadora, no necesitamos más. Todo lo podemos tener en nuestros sistemas, aquí podemos consultarlo, pero solo en caso de emergencia. No necesitamos leer nada, para todo utilizamos holoideogramas. Antes había libros, pero ni siquiera mi abuela conoció eso. Un desperdicio en papel, tintas y otras cosas que no recuerdo sus nombres, bosques completos fueron devorados para tener papel. Ya no se usa eso aquí.
Estamos bien, pero anoche volví a soñar con eso. Un espacio oscuro como nunca he visto. Ahí no puedo caminar con certeza. El miedo me invade. Se escucha que los engranes se detienen. Y al final está la Generadora. Yo nunca la he visto, pero sé que es ella.
Ayer le pregunté a mis papás sobre lo que podría suceder si la Generadora muere. No me contestaron. El sistema tampoco tiene una respuesta, creo que nadie la sabe.
Y por eso ahora siento el vértigo cada vez que escucho los engranes. Temo que se detengan, pero no para descartar una generación. El miedo es a que ya no funcionen nunca. Me inquieta que nadie más quiera saber. Quizá eso que la Generadora llama locura haya comenzado en mí, pero tampoco quiero saber.


