El doctor Antonio

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LAGUNA DE VOCES

Todo consultorio médico acaba por recordarme a mi hermano; y seguro así le pasa a todos los que tienen un pariente cercano que es médico. 

     Gustaba de hacer del espacio donde daba consultas, una extensión de su casa, de su sincera preocupación por el paciente que acudía a la cita para saber de su salud.

     Era un hombre que sentía un interés absoluto por sus pacientes, lo mismo cuando estuvo en la medicina pública, y después en la privada. Y no me refiero a la de los grandes hospitales, sino del consultorio particular en un segundo piso, donde macetas con flores de todo tipo guiaban a quien llegaba a ver al doctor Antonio.

     Egresó de la Facultad de Medicina de la UNAM, después hizo su especialidad en Ginecología y Obstetricia en el Seguro Social, no sin antes trabajar durante dos años en la Sierra de Puebla.

     Hizo estudios de Sexualidad Humana, en el Instituto Mexicano de Sexología, publicó varios libros, impulsó una Cartilla Nacional para el cuidado del hombre, porque decía que por una necia costumbre de que los hombres no deben quejarse, ni cuidarse, lo que observaba constantemente, es que solo se permitían ir a ver al médico, cuando ya era tarde, y por eso uno de sus textos llevó por título: “Los hombres mueren en silencio”.

    Insistía en que llegar tarde a saber de la salud de uno mismo, con bastante regularidad confirmaba eso: que ya era tarde.

     Murió muy joven, a los 67 años, cuando la pandemia de COVID, y como le sucedió a muchos, ya nunca lo volví a ver y me quedé con la idea de que en cualquier momento me hablaría, para platicarme de un nuevo libro que estaría por publicar.

     Acompañar a un familiar a ver al doctor, esperar a que termine la consulta, mientras afuera pasa el Tuzobús, y se asoma un hospital con precios que hacen que uno rece para nunca caer en sus manos, me hizo acordarme de Antonio, mi hermano, quien nunca se cansó de insistir, que la prevención es la mejor fórmula para que, la sentencia de su libro, deje de cumplirse y en lugar de que “Los hombres mueren en silencio”, podamos tener la certeza de que hicimos todo lo posible para pasar con sentida alegría este viaje único y hermoso, que es la vida.

Mil gracias, hasta mañana.

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