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lunes, febrero 23, 2026

El agua no se vende ni se regala…

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Digan lo que digan, al menos en la percepción del pueblo, el tema del agua en Hidalgo y sus límites con el Estado de México está que arde. No es para menos, el vital líquido se ha convertido en el botín de grupos que han entendido que, ante la escasez, el control de los pozos y la distribución por pipas es un negocio redondo, muchas veces cobijado por la corrupción y la falta de vigilancia de las autoridades.

En diversas comunidades, principalmente en la zona de Tizayuca y la región de los llanos, el clamor es el mismo: mientras las familias pasan semanas sin una gota en sus llaves, se observa un desfile incesante de pipas que extraen el recurso de manera irregular. Crímenes que se esconden a la opinión pública, además de amenazas y múltiples intentos de extorsión a los comités independientes de agua, es lo que se vive a diario. A esto se suma la opacidad en la nómina de los organismos operadores, donde el nepotismo parece ser la regla y no la excepción.

No es un hecho aislado, es el pésimo actuar que han tenido diversos gobiernos municipales; todos lo señalan así en las calles. La gente dio su voto con la esperanza de un gobierno nuevo, cobijado por la ideología de la transformación, a pesar de no conocer a fondo a ciertos perfiles que hoy ostentan el poder y de no saber siquiera de dónde venían o qué intereses representaban.

Nuevamente, el sector político se ve manchado por perfiles que podrían saber mucho de política partidista, pero nada de administración pública y mucho menos de gestión hídrica. Se han comenzado a ver como los perfiles más nefastos, y no es que lo diga yo, sino la gente del municipio que asegura que solo se les ve en eventos donde acuden funcionarios de niveles más altos, porque a las colonias donde se presentaron para pedir el voto de confianza, no han regresado para nada.

Y mientras la gente se pregunta: ¿Dónde está la autoridad?, hay pozos secuestrados, hay gente amedrentada y hay crímenes ambientales sin resolver. Hay corrupción en los niveles donde se debería impartir justicia y hay un abuso de poder que silencia a los trabajadores que conocen las anomalías en las áreas técnicas, quienes tienen que aguantar el carácter prepotente de directores con tal de no perder su empleo.

¿Dónde quedó el espíritu humanista de la administración? La gente se siente robada, engañada y traicionada. El manejo del agua pareciera todo lo contrario a lo que se pregona en el discurso oficial. Si no fuera por las inversiones federales que encabeza el gobierno de la República, seguramente ni infraestructura ni programas de rescate tendría la gente de esta región.

Sea la culpa de quién sea, no se ha visto la mano firme para enfrentar el «huachicoleo» de agua. No hay estrategia, no hay acciones concretas, no hay un gobierno que la cara y resuelva la problemática. No basta con señalar culpables si estos no están enfrentando la ley. ¿De qué sirve señalar el problema si el estado que impera en la región es el de la impunidad?

Ya lo dijo el pueblo: no se equivoquen, señores funcionarios, todos saben quiénes están lucrando con la sed de la gente; lo que no se sabe es cuándo y dónde van a poner orden. ¿Cuándo habrá resultados? ¿O el pueblo tendrá que esperar a que la crisis llegue a las casas de los poderosos para que por una ocasión siquiera vean que urge una reacción de la autoridad?

Lo que no está en duda es que el conflicto por el agua está en llamas. La gente está preocupada, tiene temor y también acumula un gran rencor. La justicia social empieza por el derecho al agua, y hoy, ese derecho parece que no existe más que para quienes pueden pagarlo de manera puntual a las mafias del líquido.

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