Desidia

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Sabía que debía haber hecho los trámites un día antes, y eso le hacía enojarse aún más porque estaba atrasada con el acopio de los documentos que tendría que llevar a su entrevista de trabajo.

Por si fuera poco, se había levantado tarde al no poder descansar por los pensamientos intrusivos de los pendientes que debía cubrir por la mañana para cumplir con los compromisos del día.

Con la presión, el estrés, la culpa y el coraje por todo el combo de sentimientos, llegó con mala actitud a la papelería para sacar copias y terminar con el acopio de los requisitos para su entrevista.

Previamente estaba colérica por una pelea con su marido quien se comprometió a realizar dichos trámites, sin embargo no entendió la indicación y el paquete de documentos estaban incorrectos.

El coraje y la frustración la desquitó con la empleada de la papelería, le gritó reclamando por haber realizado erróneamente el trabajo que su marido le había solicitado, y hasta se atrevió a decirle que era una “estúpida”.

La empleada asustada y temblorosa le dijo que haría nuevamente el trabajo si le daba la indicaciones exactas, aún así no pararon los insultos y gritos, mientras que la joven se apuraba para terminar para que la clienta frustrada saliera del establecimiento.

Pese a que desquitó gran parte de su enojo con la mujer de la papelería, todavía arrastraba veneno y siguió refunfuñando, y en el preciso momento de salir un fuerte viento le arrebató la carpeta con los documentos y al tratar de levantarlos fue atropellada.

Todo pasó, no fue a la entrevista del trabajo y quedó con una discapacidad motriz, solo por un coraje derivado de la desidia, la irresponsabilidad y el coraje. Afortunadamente, el dueño de la papelería en la que tanto despotricó contra la empleada,  le ofreció empleo y ahora es la ayudante de la misma jovencita a la que ofendió.

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