Demos paso a la política profesional, de nivel

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RETRATOS HABLADOS

Ser “representante popular”, es decir, diputado federal o local, es una responsabilidad única que bajo ninguna circunstancia debe considerarse como simple escalón para subir más alto, en la búsqueda subir más arriba en la escalera del poder. Debería ser el filtro fundamental para que, a la responsabilidad más alta de un estado de la República, nunca llegue una persona ignorante en leyes, que es su tarea fundamental como legisladora o legislador, y mucho menos alguien que tenta propensión absoluta a enfermarse y sentirse Todopoderoso o Todoperosa.

En estos momentos previos a la selección de posibles aspirantes para representar al estado de Hidalgo en la Cámara Baja del Congreso de la Unión, cuando observamos a diputadas y diputados federales que no han hecho absolutamente nada, nada de nada, para representar con dignidad a su entidad federativa, con argumentos bien cimentados si una iniciativa de ley lastima a sus representados, llama poderosamente la atención que muy quitadas y quitados de la pena, pretenden reelegirse.

Ofenden incluso sus pretensiones, porque su labor ha sido raquítica, pobre, deficiente, gris, mediocre, y sin embargo tienen la seguridad de que su trabajo ha sido óptimo y merecedor de que sigan en el cargo.

Hoy, como nunca, cobra vigencia la aseveración de que el ejercicio político debe ser practicado, ante todo, por personas con inteligencia, con capacidad, más allá de los asuntos de género. La inteligencia y la capacidad, tienen la cualidad de que quien no las posee queda evidenciada o evidenciado de manera casi inmediata. Vaya pues, no se puede ocultar la incapacidad, la ignorancia, la temible estupidez que a veces se escuda de audacia.

Porque el trabajo de quien habrá de representar a un distrito electoral federal hidalguense, es de amplísimas consecuencias si se hace mal, igual si se hace bien.

Sepa usted también, que a punto de concluir el trabajo de nuestras y nuestros actuales legisladores, muy pocos atinarían a decir el nombre de su representante popular en la máxima tribuna del país, porque simplemente nunca participaron en tribuna, porque jugaron el juego constante, de nadar de a difuntitos. No todos, no todas, por supuesto, pero sí una gran mayoría.

Ser diputada federal, diputado, es una responsabilidad mayúscula. No es asunto de querer brincar de una presidencia municipal a una curul, y con todo y que por asuntos de la coyuntura política lo pudieran lograr, sepan que ya no estamos para que una representación tan vital, se quede en calidad de florero.

Por eso, nadamás por eso, es que ningún partido político puede insistir en el juego perverso de “negociar” el voto de sus seguidores, a que le entreguen candidaturas por asuntos de alianza, y mandar al compadre, al hermano, al amigo de quién sabe quién, aunque no tenga idea de lo que pretende hacer.

Es vital retomar la posibilidad de contar con mujeres y hombres profesionales de la política, y no confundir con mercenarios a sueldo. De profesionales con antecedentes académicos reales, juristas de primer nivel, en fin, con una preparación universitaria que garantice al votante que van a saber lo que van a hacer.

Es asunto serio. No es premio, ni salvoconducto por eso del fuero. 

A estas alturas el partido en el poder, ya debe haber entendido que la política real, la que sirve a la ciudadanía, nada tiene que ver con malandrines que cobijaron para ganar una votación de reformas.

Demos paso a quienes tienen algo que dar en la máxima tribuna del país.

Mil gracias, hasta mañana.

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