El arzobispo de la arquidiócesis de Tulancingo, Oscar Roberto Domínguez Couttolenc, enfatizó en la importancia de cosechar lo bueno y no sembrar lo malo.
En la homilía del domingo celebrado en la Basílica Menor de Santa María de Guadalupe, mejor conocida como “La Villita”, dijo, “Jesús, por medio de su palabra nos está planteando cómo en la vida de la persona existe lo bueno y lo malo y desea que estemos atentos para cultivar lo bueno y no sembrar lo malo”.
Explicó que el mal es una realidad que se presenta y se siembra de muy variadas formas, por ejemplo, “Muchas veces somos testigos del divorcio, del abandono, el deterioro de la honradez, las frustraciones, el hedonismo que, impulsa a los vicios como es el juego, la droga, el alcohol, el desenfreno sexual, el mal que es la cizaña está presente en nuestro mundo”.
Por lo anterior, enfatizó en la importancia de no sembrar actitudes que produzcan cizaña, tener la conciencia que el corazón es capaz de producir trigo y también sembrar cizaña, “nuestro corazón entonces puede ser un corazón de ternura, pero también puede engendrar violencia”.
Destacó que ante situaciones difíciles es necesario tener paciencia para tomar las mejores decisiones y actitudes para sembrar cosas buenas, “Hay que esperar siempre el momento de Dios, buscando qué puedo hacer para mejorar la situación descartando de nuestra vida toda actitud y pensamiento que no dejan, crecer ahora es tiempo de acogernos a la misericordia de Dios, él nos la da y la oración es indispensable para poder mantenernos siendo trigo y no cizaña”.


