Opinión
Murió el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, actor fundamental del cambio democrático, cuya valiente definición, frente a la imposición de la candidatura de Carlos Salinas de Gortari, provocó un cisma en el Partido Revolucionario, tras décadas de operar el pacto revolucionario para dar paso al libre mercado y la alianza política conservadora.
Pero la crisis se agudizó aún más cuando Heberto Castillo Martínez, el candidato del Partido Mexicano Socialista, cedió a Cárdenas su candidatura para conformar un frente popular, que de inmediato detonó una respuesta social masiva a favor de Cuauhtémoc, resultado que fue respondido por el gobierno con el mayor fraude electoral de la historia del país hasta ese momento.
Lejos de dejar ahí las cosas, Cárdenas llamó a quienes lo apoyaron a formar un nuevo partido que, trasponiendo las diferencias ideológicas, organizara el cambio democrático que México requería, dando vida al Partido de la Revolución Democrática.
Fue un llamado al que ningún mexicano consciente podía permanecer indiferente, y fue así que muchos fuimos atraídos a la órbita del nuevo partido sin mirar de donde llegábamos, sino hacia dónde nos dirigíamos. Alrededor de Cárdenas nos agrupamos gente de todo pelaje, lo mismo ex priistas que socialistas, comunistas, trotskistas, anarquistas y simples ciudadanos que coincidíamos con el propósito del nuevo partido: “democracia ya, patria para todos”.
Cuauhtémoc se dió a la magna tarea de organizar el partido que en unos cuantos meses creció exponencialmente; mas no sin la reacción vengativa del gobierno y el todopoderoso PRI, incrustado corporativamente en toda la estructura política y económica del país. Todas las instituciones se volvieron un dique contra la ola democrática: gobiernos, sindicatos, universidades, empleadores y hasta iglesias y familias.
Ser perredista se condenaba con el despido, el ostracismo político, la pérdida de amistades, las maledicencias, los prejuicios y señalamientos. No faltaron las rupturas entre padres e hijos, y la rabia de quienes se sentían afectados con la sola presencia de perredistas en su entorno.
A Cuauhtémoc y otros dirigentes, se les negaba el acceso a los medios de comunicación, y cuando se les permitía era para hacer burla o escarnio de su persona o actos. En provincia, la represión era aún mayor y murieron más de 700 perredistas a manos de los esbirros del gobierno.
Y luego el sabotaje al interior del nuevo partido. De inmediato se adscribieron a él personajes y organizaciones que más que contribuir a su fortaleza, traían consigna de sabotear todo avance y unidad, mientras sus liderzuelos se veían cada vez más favorecidos por la fortuna.
¿Cómo no entender la seriedad de Cárdenas si los golpes bajos y la traición eran el pan de cada día? La unidad de la izquierda era el pretexto para que cada grupo exigiera su cuota de poder, o armara escándalo y concertara con el gobierno para lograr sus propósitos.
A la distancia, puede decirse que con los ataques concertados por el gobierno, sus partidos y la prensa vendida -amén del divisionismo interno-, el sistema encontró la fórmula para sabotear las campañas presidenciales en las que Cárdenas encabezó al PRD.
Sin embargo, el enemigo solo era uno: el sistema neoliberal, que utilizó contra la revolución democrática toda clase de recursos para derrotarla, mientras se apropiaba de las empresas públicas y entregaba la soberanía nacional.
De esa manera, en la última elección presidencial que encabezó Cárdenas, las condiciones se revirtieron en su contra y él aceptó los resultados que favorecieron al panista Fox.
Tras esa decisión, los grupos de poder dentro del PRD lo trataron groseramente y Cárdenas prefirió renunciar al partido y, peor aún, colaborar con Fox; solo para renunciar de inmediato. ¿Qué le pasó al Ingeniero? Esa fue una pregunta que nunca respondió, afectando el ánimo de muchos mexicanos que le siguieron en los peores momentos.
Fue, a mi juicio, la etapa más difícil de su vida, aunque afortunadamente, no para la causa que encabezó por tantos años; pues su liderazgo pudo ser sustituído por el de Andrés Manuel López Obrador quien, sin entrar en choque con Cuauhtémoc y reconociendo su aporte, logró encabezar y hacer triunfar la lucha iniciada por éste .
Tras dejar el PRD, fue abandonando el escenario político, aunque siguió defendiendo causas sociales, sindicales y campesinas que permanecían y en algunos casos permanecen sin resolver.
Con todo y ello, ha de reconocerse el gran aporte del ingeniero Cárdenas al movimiento democrático en México y su triunfo a partir de 2018.
Así pues, Cuauhtémoc Cárdenas ya ocupa un lugar en nuestra historia. De mi parte, fue un honor haberlo conocido y acompañado en la lucha por las causas políticas y sociales que encabezó y representó, y hoy son una realidad para bien de México.


