Bangladés sufre la guerra con un aumento del 15% de combustible

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Las filas en las gasolineras de Daca han comenzado a reducirse tras una subida del 15 por ciento en el precio de los combustibles, un ajuste que ha acortado a tres horas la espera promedio de los conductores pero que traslada la crisis energética al coste de vida de un país que sobrevive gracias al crudo ruso y a las exenciones de Estados Unidos para esquivar el bloqueo en el estrecho de Ormuz.

Estos días, tres horas de espera no es tanto tiempo para Mohammad Sujan, conductor de una aplicación de transporte. «Hace tres días, llegué a las 4:00 p.m. y esperé hasta las 4:30 a.m. solo para conseguir 10 litros de gasolina. La cola es mucho más pequeña ahora», relata mientras reposta su motocicleta en una capital que parece respirar tras semanas de parálisis y tensión.

Esa calma en los surtidores tiene precio, el diésel ha subido a 115 takas (0,97 euros) y la gasolina de alto octanaje a 140 (1,18 euros). Con esto, el Gobierno prevé ahorrar unos seis millones de dólares mensuales en subsidios, un respiro fiscal necesario para un Ejecutivo que asumió el cargo en febrero con una inflación del 8,6 por ciento y las reservas de divisas bajo mínimos.

“El aumento de precios busca reducir los subsidios. Sabemos que impulsará la inflación, pero no tenemos alternativa. La guerra ha ejercido una presión inmensa sobre nuestra economía, que ya es frágil”, declaró el asesor del primer ministro Tarique Rahman, Zahed Ur Rahman.

Tensión en las calles y medidas de austeridad

La escasez, el acaparamiento y las compras de pánico han provocado colas kilométricas en las gasolineras desde el inicio del conflicto en Oriente Medio. La tensión ha derivado en ocasiones en altercados con al menos un fallecido, además de víctimas por el cansancio y las temperaturas extremas durante esperas de hasta doce horas.

En respuesta, el Gobierno ha impuesto recortes del 30 por ciento en el uso público de energía y medidas de ahorro que incluyen el cierre temprano de comercios, la reducción de la jornada laboral y clases virtuales. Sin embargo, el consumo eléctrico no cede suficiente debido al pico de demanda en verano y a la temporada de riego.

“Nuestra demanda diaria sube de 15 mil a 18 mil 500 megavatios en verano. Dependemos del fueloil para generar 3 mil 500 megavatios y del gas natural para otros 5 mil”, explicó Jahurul Islam, miembro de la Junta de Desarrollo de Energía de Bangladés, quien advirtió que el suministro depende ahora exclusivamente de la llegada de combustible.

Este déficit golpea el corazón de una economía que necesita la importación de crudo para sostener su transporte, industria y, sobre todo, su agricultura. Hasan Mehedi, director de la red ambiental CLEAN, alertó de que sin subsidios al diésel para el riego, muchos agricultores abandonarán sus tierras, lo que compromete la seguridad alimentaria del país.

El asesor financiero del primer ministro, Rashed Al Mahmud Titumir, lamentó que Bangladés, con una inflación del 8,6 por ciento en el último año, soporte una alta presión inflacionaria heredada y sin ayuda externa, situando al país como una de las principales víctimas colaterales de la inestabilidad internacional.

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