Aficionados al fútbol: cuando llega la jubilación

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RETRATOS HABLADOS

Resultó ser el peor aficionado al fútbol porque me es imposible seguir el proceso lento, lentísimo, en que por enésima ocasión una selección mexicana con todas las posibilidades, cayó de nuevo. Sí, como los valientes, pero cayó y de ninguna manera puedo celebrar o volver a la frase de un viejo amargado del, “estaba escrito que nunca veré la victoria como meta y destino”, aunque es muy posible que tenga razón. Mucho menos salir, al menos por hoy, con interpretaciones políticas, y eso de que de la religión pasamos al soccer como opio del pueblo, con todo y que puede que sea cierto.

No, a mi me gusta el fútbol, traer del pasado al presente los tiempos en que me decía que todo es asunto de suerte, o de mala suerte, y que ganan solo los que no creen en otra cosa que su voluntad. Pero creo, estoy seguro, que, pese a la necesidad de tener fe en algo irracional, como toda fe que se precie, sí nos permitió salir un rato de la realidad amarga en que hemos caminado por tantos años, con traspiés que nos dejan tirados de boca y sangrantes de dolor y absoluta desilusión.

Hasta aquí llegamos, pero pese a todo, avanzamos en el camino que se daba por perdido antes de tiempo. Con nuevas generaciones de jugadores por supuesto, pero también de aficionados, y un buen aficionado solo se entiende si cree en términos reales, no de ocasión, no como cierre a la ilusión.

Es cierto. Junto con miles y miles, he decidido jubilarme en estos menesteres, para detener la hemorragia de nostalgias por los tiempos idos, en los que no había ninguna posibilidad desde el principio de las cosas, en que llegábamos perdidos, derrotados por adelantado y solo milagros de por medio algo habrían podido hacer.

Sin embargo, es bueno cerrar la cortina de las esperanzas, retirarse con dignidad y nunca volver a decir, porque además el paso del tiempo lo impedirá, “a´i será para la otra”, porque ya no habrá otra, porque como dicen las poesías, “el corazón se cansa de esperar y se retira para simplemente descansar”.

Porque hoy por hoy el escenario debe ser para las nuevas generaciones de aficionados y sí, acudir como invitado del hijo a mirar el partido en la televisión, a soñar por un rato a partir del ensueño de las ilusiones, pero saber cuándo hacerse a un lado y aceptar que, al menos en nuestra existencia, y con todo que el escenario pinta para que en unos años la esperanza cristalice en una realidad sin objeción, no seremos capaces de aguantar un nuevo capítulo en que era casi un hecho que la historia cambiara.

El hecho es que esa tarea monumental, se queda con la afición que empuja, que sueña, que seguro levantará de nuevo en unos años, la necia, pero vital ilusión en el deporte que jugamos de niños, de adolescentes, de jóvenes, de siempre.

Estoy seguro que ha sido el mejor equipo que hayamos tenido, el que merecíamos los que hoy, sin ceremonia de por medio, pero con la constancia de que la historia que desde pequeños fincamos en la lucha por un balón, por verlo en las redes del contrario, es hermosa como pocas, digna de ser entregada como testimonio de ilusiones a los nuevos, novísimos aficionados.

Deben creer, creer en serio, porque cuando uno deja de hacerlo… es tiempo de jubilarse en estos menesteres.

Mil gracias, hasta mañana.

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