Agenda educativa
El legado de Marx Arriaga puede rastrearse en la defensa de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), su confrontación con las editoriales privadas, su pugna con la autoridad de la SEP y su gestión al frente de la Conaliteg.
Durante el periodo que transcurre desde su llegada a la Conaliteg hasta su destitución en 2026, la NEM adquirió forma y consistencia, dejando de ser una pieza retórica (expresión de Carlos Ornelas) para integrarse a la legislación educativa, luego a los planes y programas de estudio, y al final a los libros de texto gratuitos (LTG). La NEM se consolidó así como modelo educativo, al tiempo que se le añadió otra pieza retórica, el humanismo mexicano. Esta línea del lopezobradorismo es el que Marx Arriaga (2025) intentó defender a ultranza.
Pero, el legado más claro de Arriaga fue la producción de los LTG, una familia de 107 títulos y cerca de 170 millones de ejemplares distribuidos para el ciclo escolar 2025-2026 (Boletín SEP, 40, 12 de febrero, 2026; El Universal, 14 de febrero, 2026). Estas cifras muestran la relevancia de los LTG y explican el interés de las editoriales privadas por participar en su producción. En este contexto, uno de los errores de Arriaga fue defender el diseño y contenido de los nuevos materiales sin reconocer sus fallas.
Un primer problema se originó en el proceso de elaboración. Arriaga sostuvo que los nuevos libros habían sido construidos a partir de la consulta a miles de docentes y no por especialistas. Con ello, privilegió la experiencia docente frente a grupo, pero al mismo tiempo desestimó el papel de los especialistas y el papel de la academia.
A estos problemas se sumaron la incorporación de contenidos sobre diversidades sexogenéricas, lo que generó confrontaciones con organizaciones conservadoras como la Unión Nacional de Padres de Familia. En esa misma lógica se inscribió la inclusión de contenidos relacionados con movimientos sociales y actores políticos contemporáneos, incluyendo referencias a Morena dentro de la narrativa histórica reciente. Este componente llevó a medios como TV Azteca a calificar los nuevos materiales como “libros comunistas”, alimentando la polarización pública en torno a los LTG.
Además de las disputas ideológicas, los nuevos libros recibieron críticas en términos metodológicos y didácticos. Estas observaciones las encontró la propia subsecretaría de educación básica, que terminó por ser un elemento que abonó a la salida de Marx de la SEP. A ello se sumaron cuestionamientos sobre omisiones relevantes, como el tratamiento del papel de las mujeres en la historia.
En suma, el legado de Marx Arriaga se materializa en una nueva generación de libros de texto gratuitos marcada por decisiones polémicas y por un proceso de implementación poco cuidado, obcecado que tendrá que subsanarse bajo otro liderazgo en la Conaliteg para que tenga posibilidades la NEM y futuro la educación de los niños.




