Albur

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Memento

“Relaja la raja y disfruta la fruta, México es la verdura ponte agarrar la 
cura. Relaja la raja y disfruta la fruta, fantástico mi México mágico”
Albures mexas – Sieck

Albur viene del árabe hispánico al-bur, que significa riesgo, azar, suerte incierta. La partícula “al-” es el artículo árabe “el”, que heredamos en muchas palabras como se usa en las palabras: almohada, alcalde, alacena, algodón. En español antiguo, albur significaba literalmente contingencia o casualidad, algo que puede salir bien o mal. De ahí la expresión: “Dejar algo al albur” es decir dejarlo a la suerte.

En México, la palabra tomó otro significado. El albur mexicano ya no es solo azar, es un duelo verbal con doble sentido -generalmente sexual- donde gana quien logra colocar al otro en posición simbólicamente “perdedora”. Es juego, es ingenio, es rapidez mental, es estructura, es timing y malicia. Albur pasó de significar riesgo incierto a convertirse en riesgo lingüístico. El albur conserva su raíz etimológica: siempre hay azar. Solo que ahora el azar se juega con palabras. 

Quienes tenemos una neurodivergencia – que aunque suene a una onda de X-Men, tan solo es que nos gira distinto la ardilla- vemos el mundo de manera diferente a lo neurotípico. Ya no soy al 100 por ciento una persona que comprende todo de manera literal, creo que ya soy un 90 por ciento. Aprendí que el albur es un lenguaje binario, es decir, de unos y ceros, en un sentido más propio de palitos (|) y bolitas (O). Ya saben fálico e yonico o anal.

Mi papá notó que era muy torpe para eso del albur, así que decidió regalarme el libro “Picardía mexicana” de Armando Jiménez, el cual no es solo una recopilación de albures y dobles sentidos, es un archivo cultural del ingenio popular mexicano. Es un registro de cómo una sociedad juega, compite, se mide, y se pesa a través del lenguaje.

El libro captura la oralidad de aquellos lugares donde la palabra es un arma de supervivencia. El albur no funciona como simple grosería, sino como duelo verbal. La picardía no es vulgaridad improvisada, sino creatividad codificada.  En ese intercambio rápido, gana quien responde con mayor agilidad mental, quien entiende primero y responde mejor. Es ajedrez callejero. Donde el jaque mate es dejar sin argumentos al rey.

Desde una perspectiva sociolingüística, el albur es una tradición que difícilmente cabía en los moldes de la literatura formal. Al llevar al papel lo que vivía en la calle, se legitimó una  expresión popular. Lo espontáneo se volvió documento, se volvió historia. Picardía mexicana no es un libro de chistes; es una radiografía del ingenio nacional. Nos recuerda que, en México, la lengua no solo se habla, también se flexibiliza,  se reta, se tuerce y se afila.

El albur juega con ambigüedades, con silencios cargados, con sonidos, con palabras que cambian de significado según el contexto. En ese vaivén se revela una verdad incómoda: el lenguaje no solo comunica ideas, también establece jerarquías y posiciones.

El albur no se sostiene únicamente en la metáfora; es un mecanismo más complejo que combina doble sentido, ambigüedad sintáctica -doble interpretación-, elipsis -omisión de una parte que se sobreentiende-, metonimia -nombrar una cosa con el nombre de otra relacionada-, ironía, hipérbole -exageración intencional para enfatizar una idea- y hasta ritmo sonoro. Su fuerza principal está en la polisemia -palabras que funcionan en dos planos al mismo tiempo, uno literal y otro insinuado-. A eso se suma la omisión estratégica -frases incompletas que el interlocutor termina mentalmente- y el cambio súbito de campo semántico -palabras que pertenecen a un mismo tema-, donde una conversación aparentemente inocente se desliza hacia la insinuación.

La conseja de hoy:

Quizá la SEP podría pensar en la posibilidad de culturizarnos con el albur, como se hace con la poesía. Para mí, el albur sigue siendo un coqueteo entre dos hombres heterosexuales que se niegan a salir del clóset, un flirteo homosexual escondido en un combate fálico. Y como dice mi Shifu: “No es vulgar quien lo dice, sino quien lo comprende”.

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