España reina en derbi ibérico, elimina a Portugal y ya clasificó a los cuartos

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El oportunismo de Mikel Merino, como en cuartos de final de la Eurocopa 2024 ante Alemania, apareció en Dallas para decantar en el minuto 91 a favor de España los octavos de final del Mundial ante Portugal (0-1), en los que dominó, perdonó y se agarró de nuevo a un ‘6’ que ha mutado definitivamente en ‘9’ para mantener vivo el sueño de la segunda estrella de la selección española y acabar con el de Cristiano Ronaldo.

En la batalla del centro del campo se impuso Rodri. Recuperó el nivel que le hizo ganar el Balón de Oro y que perdió desde que sufrió una grave lesión de rodilla en septiembre de 2024. Titular indiscutible en todo el Mundial, en el foco de la crítica por su rendimiento y defensa a ultranza de su seleccionador y compañeros. Este lunes, brilló de nuevo.

España dominó, fue mejor en la primera parte y aún así sufrió. Lógico en un partido de final de este Mundial. Unai Simón tuvo su trabajo más exigente hasta la fecha en el torneo. En el minuto 37 le sacó un cabezazo a Joao Félix con el hombro y con una palomita detuvo el remate forzado de Cristiano Ronaldo tras rechace.

Un gol de Merino en el descuento clasifica a España

Avisos de Portugal ante el dominio de España. El descanso ayudó a encontrarse a los lusos, pero España reencontró el momentum al paso de los minutos y con lesión de Nuno Mendes, en la primera y única vez que Lamine Yamal le pudo ganar en el uno contra uno.

Esa confianza tuvo premio. El oportunismo de Mikel Merino volvió a aparecer un día clave. Ya lo hizo en la Eurocopa 2024 en los cuartos de final contra Alemania… en Alemania. Su gol en el minuto 91 clasificó a España, y repitió el guión este lunes en Dallas contra Portugal.

Mikel Merino (c) de España celebra un gol en un partido de los octavos de final del Mundial de la FIFA 2026. EFE/ Lavandeira Jr

La clarividencia de Olmo no tuvo éxito, pero sí la de Ferran Torres. Con libertad en todo el frente del ataque y asumiendo un nuevo rol filtró el balón para que Mikel Merino plasmase todos sus conceptos de ‘9’ que ha ido cogiendo estos dos últimos años en el Arsenal para superar a Diogo Costa, repetir su icónica celebración, como su padre Ángel Miguel, dando la vuelta al banderín del córner para meter a España en cuartos de final del Mundial.

Bélgica se cita con España este viernes en cuartos de final

Un doblete de Charles De Ketelaere en los minutos 9 y 33, un tanto de Hans Vanaken en el 57 y otro de Romelu Lukaku en el 90 sellaron la goleada por 1-4 de Bélgica sobre Estados Unidos y la clasificación de los Diablos Rojos a los cuartos de final del Mundial en Seattle.

El empate parcial para los estadounidenses lo marcó de tiro libre Malik Tillman en el 31.

Los dirigidos por Rudi García se enfrentarán con España en los cuartos de final el 10 de julio en Los Ángeles.

No había tocado el balón Folarin Balogun, ‘indultado’ de la sanción, titular en Estados Unidos y protagonista mundial en las últimas horas, cuando Charles de Keteleare adelantó a la selección de Bélgica a los ocho minutos y medio, en su mejor partido del Mundial 2026 con diferencia para reafirmarse con una victoria por 1-4 y desafiar a España en el encuentro de los cuartos de final del próximo viernes en Los Ángeles.

En una rebelión absoluta contra sus complejos, las circunstancias y la decisión de la FIFA, Bélgica dominó el marcador y el partido casi siempre. El segundo tanto también fue de De Keteleare, justo apenas dos minutos después del 1-1 de Estados Unidos a la media hora del encuentro.

El tercero fue un regalo del portero Matt Freese, aprovechado por Hans Vanaken, cuando podía surgir cualquier inquietud a Bélgica, porque Estados Unidos había crecido. Pero fue el principio del fin.

Instantes después, lesionado, se fue Christian Pulisic. Ya en el minuto 93, Lukaku anotó el 1-4. Noventa y tres goles con Bélgica. Se lo dedicó a Amadou Onana, lesionado en su rodilla derecha en el minuto 20.

Aprendida la lección del duelo de dieciseisavos, Bélgica derrochó ambición desde el primer segundo del partido. Ya era hora. Víctima de su propia especulación, también de su falta de gol, su tránsito por los cuatro partidos anteriores del Mundial había sido más que dudosa, incluso inconcebible en otro tiempo, más aún: al borde de la eliminación.

La clave, en cualquier caso, fue la presión. Bélgica salió más allá de donde acostumbra y se convenció a sí misma para ganar el partido.

Ni Kevin de Bruyne ni Jeremy Doku en el once. Sus dos mejores jugadores sobre el papel, fueron de un encuentro de tanta dimensión. A todo o nada. Rudi García apostó por la remontada ante Senegal. Por Lukebakio o por Raskin, crucial en el 0-1 tan rápido, tanto o más que la inoperancia defensiva estadounidense o el miedo de Sergiño Dest a la pugna.

El gol lo marcó De Keteleare, un delantero bajo la inquietud de no haber marcado ningún tanto hasta ahora en este Mundial cuando Romelu Lukaku, el máximo goleador de todos los tiempos de los ‘Diablos Rojos’, ya había hecho dos y provocado otro. La confianza de Rudi García dio más recorrido al atacante de 25 años del Atalanta, que sí hizo méritos.

Estados Unidos no se enteró de nada del comienzo del partido. Ni siquiera más allá. Si hay alguna explicación extradeportiva, por ser el foco de todas las miradas en las últimas horas, por la supuesta influencia y la llamada confirmada de Donald Trump a Gianni Infantino por la sanción a Balogun, por el estrés o por lo que sea ya lo dirán los protagonistas, aunque todo pareció que fue una cuestión de fútbol. Fue sobrepasado.

La pérdida de Onana, por una lesión en la rodilla derecha que al menos tiene pinta de esguince, si no es algo más (en cualquiera de los dos casos, su concurso en próximas rondas del Mundial está más que en duda, más aún en la más inmediata ante España), admitió un sobresalto razonable y una pregunta inmediata acerca de qué pasaría en Bélgica sin su potente físico y despliegue. No hubo efecto realmente.

La preocupación fue, sin embargo, con un gol fortuito. Malik Tillman lanzó una falta directa que se había cometido sobre el jugador de toda la polémica, Balogun. Thibaut Courtois se movió para atraparla, pero el rebote en la cabeza de Hans Vanaken, el recambio de Onana, transformó el disparo en una parábola endiablada inalcanzable para el portero.

Era el minuto 30 y 30 segundos. En el 32:29, Bélgica retomó la ventaja. Su cambio es radical. Una reacción rotunda, con un centro de Leandro Trossard, superior en cada desborde a sus marcadores, y un testarazo de Charles de Keteleare que fue con toda la convicción y la fuerza que le faltó al experimentado Tim Ream, el capitán norteamericano.

El enfado era tremendo de Pochettino. Su derechazo, como cuando era futbolista, a las botellas de agua en el banquillo delató cómo era el encuentro para Estados Unidos. Al descanso, dejó en el banquillo a Dest para dar entrada a Reyna. La primera determinación. Antes, al borde del descanso, Balogun tuvo su única oportunidad.

El impulso de Estados Unidos a la vuelta del vestuario, nada del otro mundo en ocasiones, se quedó en nada bien pronto. El fallo de Matt Freese, cuando se adelantó a un balón en largo, controló con el pecho, no despejó, perdió el balón ante De Keteleare y entregó la pelota a Hans Vanaken, que, como un certero golpe de golf, embocó el 1-3. Era aún el minuto 56. La sentencia de la victoria, a la que aún añadió el 1-4 Romelu Lukaku. La demostración de la reactivación belga, que ahora desafía a España.

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