Como una fila hormigas se observa la interacción de la gente en el Zócalo de la Ciudad de México desde la azotea de uno de los edificios que dan frente al palacio de Gobierno, a momentos la gente se aglutina para ver los partidos, y después, ante la inclemencia de los rayos del sol, se dispersan.
A ras de piso, todo se mira diferente, la gran pantalla que da espalda a la catedral metropolitana, convoca a los aficionados a observar los partidos de fútbol en el marco de las eliminatorias hacia los octavos de final del mundial, mientras Noruega le gana a Costa de Marfil, la afluencia es poca.
Debido a los precios que muchos catalogaron como “caros” dentro del festival, hay quienes prefieren salir a comer y tomar alguna bebida antes del partido que todos esperan, el de México contra Ecuador, mismo que está programado a las 19:00 horas.
Mosaico cultural
Conforme la Selección Mexicana avanza en este torneo internacional, incrementa el número de mexicanos que con zarapes, sombreros, máscaras de luchador, peluches y hasta aliens se dan cita para gritar “¡México!” al ritmo de tambores, trompetas y aplausos.
Unos minutos antes de las 15:00 horas, en la pantalla se escuchan los himnos nacionales de Francia y Suecia, señal con la que cientos de personas se acomodan para ver el partido previo al de México, algunos se sientan en la plancha del zócalo y asemeja a un gran día de campo en el que participan familias enteras.
Los gritos de gol por las tres anotaciones de Francia no se hacen esperar, pero todo indica que también hay emoción por los intentos que tuvo Suecia, aunque sin una sola anotación, no importa quién logré meter el balón en la portería, la emoción, la algarabía y la festividad están presentes en cada minuto que se vive ahí.
Aunque se percibe una gran diversidad, hay algo que une a todos los asistentes, la playera de la selección mexicana, no importa si es la de este mundial o la de los pasados, la emoción, el orgullo y la necesidad por saber lo que vendrá para México en esta justa deportiva convierten a la gente en un muégano gigante conforme se acerca la hora.
Lluvia
Mientras aficionados de Ecuador se jactan de decir que vencerán a México de una forma muy sencilla y presumen que los jugadores están acostumbrados a la altitud y al calor extremo, el padre Tlalok, les juega en contra y deliberadamente “se deja caer” sobre la ciudad, con tal intensidad que la amenaza de una tormenta eléctrica, mientras tanto, en el Zócalo de la Ciudad de México, los asistentes se han puesto sus impermeables, han abiertos sus sombrillas y se mantienen de pie como soldados, como guerreros, como los hijos que a la patria Dios le dio.
El programa de entretenimiento se extiende debido a la suspensión temporal del partido, un atraso de una hora, provoca un karaoke masivo en la plaza pública, canciones que se corean bajo el aguacero, que se escuchan saliendo entre formaciones de paraguas, y en la pantalla, la imagen de hombres y mujeres a quienes las canciones de banda les llegan a lo más profundo del corazón, provocando que también llueva desde adentro.
Besos en la cámara
Mientras se termina de quitar la lluvia, todos miran atentamente la cámara, ha comenzado el recorrido de besos al estilo “Kiss Cam” por lo que todos observan a los perfiles que aparecen, no hay límites de edad y tampoco hay problemas con el género, diversas parejas aprovecharon el momento para “comerse” en frente de miles de desconocidos, mientras otros, preferían darse un beso de piquito nada más para que no comenzaran los abucheos.
Ni la lluvia ha podido hacer que la gente se disperse, apenas se acabó el aguacero, y todos comenzaron a quitarse el impermeable, mientras otros atendían la invitación de quienes gritaban “¡bajen el paraguas!”. La fiesta continuaba, con baile, con canto y con porras hacia la selección.
Antes de comenzar
¡Ecuador va a probar el chile nacional! ¡El que no binque es puto! ¡México, México! ¡Sí se puede! fueron algunas de las consignas que hicieron retumbar el corazón de la Ciudad de México, miles de aficionados se dieron cita para ver jugar a Morita, Quiñones y todos los jugadores que en ese momento tan crucial representan a todos los mexicanos en una pantalla gigante, no hay posibilidad económica de ir al estadio, sin embargo, lo más destacable es que no existe un estadio en el que quepa la ilusión y la esperanza de todo el pueblo mexicano.
Llegamos al Zócalo por la experiencia de tener el sabor de lo que significa tener un mundial en casa, fuimos con la ilusión de ver que México saliera victorioso pero también con la posibilidad de que este fuera el último partido en el que la playera verde con la silueta de Tonatihu fuera vista en la cancha, así como miles que tenían en cuenta esta posibilidad.
Himno Nacional
De pronto, en la pantalla gigante aparecieron los jugadores, totalmente abucheados los de la selección ecuatoriana y completamente ovacionados los de casa. A pesar del karaoke y los sentimientos desbordados de algunas personas, sin duda, el Himno Nacional Mexicano se llevó por mucho la emoción de los asistentes, saber que el equipo que está en la cancha representa a México hace sentir que somos parte de eso, que estamos ahí, que estamos con ellos aunque no nos puedan ver. Porque no hay estadio en el que quepa todo el orgullo de haber nacido en México, lindo y querido.
Catalogado como uno de los himnos más hermosos del mundo, la letra del Himno Nacional Mexicano, no se debe tomar a la ligera, contiene claras advertencias para los intrusos, los invasores, los que quieran hacer la guerra y esto lo entenderían más tarde los ecuatorianos, en la cancha no sólo estaba un partido de fútbol, estaba el resentimiento de una embajada profanada, estaba el recuerdo de la serenata que los ecuatorianos le dieron a la selección mexicana en la Copa América 1993 y estaban los recientes comentarios de periodistas e influencers que pronosticaban una derrota “vergonzosa” y humillante para México.
Ha quedado claro que cuando eres amigo de México, aquí hay una puerta abierta pero cuando no… “¡Cuidado!” y es lo que se ha proyectado en esta justa deportiva, mientras selecciones como la de Irán, Corea, Japón, Marruecos y Sudáfrica se despidieron con agradecimiento a México y los hinchas se llevaron grandes experiencias, la de Ecuador ha quedado al margen y, al menos en lo deportivo, se ha pagado ojo por ojo y “serenata por serenata”.
El partido
El silbatazo inicial, marcó el inicio de una lucha encarnizada por el balón. El primer tiempo no fue apto para cardíacos, sin embargo, en el minuto 22 Julián Quiñones anotó el primer gol, mientras la selección tricolor mantenía completo dominio en la cancha, de esta forma y a pesar de los intentos ecuatorianos, en el minuto 31 Raúl Jiménez hizo la segunda anotación.
Cada gol fue ovacionado, acompañado de un baño de espuma en spray, sonidos estridentes de cornetas y el grito de ¡Ecuador ya probó el chile nacional! además de ¡México, México! que se mantuvo durante todo el partido. Mientras tanto los saques de banda, tiros de esquina de los jugadores ecuatorianos eran acompañados del ya famoso grito !Eeeeeeeee, puto! que tanto ha prohibido cierto organismo internacional, recientemente acusado por la Unión Europea por haber entregado un premio de la paz al presidente dormilón Donald Trump.
Era una pantalla gigante, era ver el fútbol y la gente gritaba como si los jugadores pudieran escucharlos, al más puro estilo de la familia mexicana que cada fin de semana se reúne para vivir un encuentro similar, la experiencia en el Zócalo de la Ciudad de México fue la de una gran sala que albergó a la inmensa familia mexicana que observa, que grita, que se emociona, que se abraza y que brinca para festejar cada anotación.
A pesar de los intentos, el equipo que llegó con toda la arrogancia y con presunción de poseer tres jugadores estrellas, no lograron anotar un solo gol, y los intentos más cercanos fueron parados por el arquero Raúl «Tala» Rangel y del equipo mexicano.
Silbatazo final
Finalmente, una vez transcurridos los siete minutos de tiempo añadido, el silbatazo final provocó el éxtasis de la afición, abrazos, brincos, gritos de: “¡Sí se pudo!” y ¡Vámonos al Ángel! se hicieron presentes. La pirotecnia reventó en el cielo mientras la gente se arremolinaba hacia las salidas para dejar atrás la plaza pública y buscar un lugar en el Ángel de la Independencia, otros más apresurados ante la posibilidad de quedarse sin transporte público y algunos más que solo querían salir para buscar algo de comer en la periferia.
Al grito de ¡Putos los de arriba!, y la clásica referencia a la película de Nemo “¡Nadaremos!” entre apretujones y empujones, poco a poco el zócalo se desinflaba de gente que tras su paso, dejaba un rastro evidente de basura.
Calles de la ciudad
Mientras unas calles lucían desoladas y en completo silencio, en otras se mantenían vendedores ambulantes que ofrecían comida, peluches, recuerdos del mundial, playeras y llaveros entre otras cosas.
Las motocicletas y automóviles avanzaban con el típico sonido de claxon recordando la victoria, y la Torre Latinoamericana proyectaba los colores de la bandera nacional con las imágenes de los jugadores mexicanos. A unos metros el Caballito de Reforma tenía programado a La Banda Cuisillos y más allá, en el Ángel de la Independencia y la Diana Cazadora, no cabía un alma.
Resaca futbolera
Además de las toneladas de basura dejada por el frenético festejo, el despertar del miércoles fue amargo en las noticias nacionales, tres fallecidos por asfixia y uno por paro cardiorespiratorio. Y nuevamente, a pesar del triunfo futbolero, la realidad en la que vive el país se asomó para cuestionar “hasta dónde llegará el mexicano con estos festejos y qué sucederá si no se avanza más allá de los octavos de final”.
Avanza la selección
En tanto, el siguiente encuentro será con la selección de Inglaterra, y mientras algunos buscan la posibilidad de ver dicho encuentro en el estadio, la gran mayoría planea verlo en otro lugar, no hay un estadio en todo el mundo en el que quepa el corazón y la esperanza de México, aunque en el fondo exista esa espina de incertidumbre por saber que quizá sea el último partido de México en este mundial, la frase “jugamos como nunca y perdimos como siempre” ha sido sustituida por la posibilidad de que esta vez se obtenga algo más allá de lo que siempre se ha tenido. Al final, la derrota siempre ha estado ahí, lo que se gane de ahora en adelante es ganancia, emoción, orgullo y pasión.




