Chambelán

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Memento

“tuu–ruu ruu–ruu, tuu–ruu ruu–ruu, tan ta–ran taaan… (entra el chelo 
y luego los metales) pam pam pa–ra–ram, pa–ra–ram–pam–pam”
El tema de Nadia – Richard Clayderman

Chambelán viene del francés antiguo chambellan, que a su vez procede del latín cambellanus, que se forma a partir de camera o cambra, que significaba “cámara” o “habitación”. Es decir, el chambelán era el encargado de la cámara del rey. Era un alto funcionario, responsable del tesoro, vestimenta y del acceso físico al rey. Por eso el cargo tenía una enorme carga política y simbólica. El término pasó al español conservando el sentido cortesano durante siglos. Con el tiempo, la palabra pasó de ser guardián del poder a nombrar al acompañante formal de una quinceañera, cuya función principal es acompañar y lucir, acatar y bailar.

No se me da el baile, en ocasiones culpo a mi altura, dos de mis pasos representan tres de las demás personas, pero debo confesar que es solo una excusa. Durante mi paso por el Ejército me resultaba poco sencillo llevar el paso de marcha con el resto del grupo, me costó mucho encontrar la manera de hacerlo. Y me resultaba complicado comprender cómo es que para el básquetbol tenía algo de soltura, sentido del espacio y tiempo; fui un buen jugador -tampoco uno excelente, pero sí rifaba-. En fin, bailar no es lo mío pero lo intento.

Nunca fui chambelán; dentro de todas mis virtudes, el baile es el que menos prestigio tiene, por el contrario, mi fama de malo pa’l dancing, me precede. En la secundaria, una amiga me pidió ser su chambelán. Pese a mi desacuerdo con esas fiestas, acepté, más que por gusto, lo hice por ella. En mi mente puberta, teníamos la oportunidad de una relación, hasta nuestros nombres combinaban un poco. Acudí a unos cuantos ensayos, lo intenté, realicé algunos pasos, aprendí la música, solía ensayar solo en casa, pero tenía la gracia de un potrillo recién parido. Al final, su familia la convenció de que su primo debería ser su chambelán; me sentí relegado, renuncié a la misión y a mi posible noviazgo con ella =’(. Se me rompió el cora, pero fue preferible a que le rompiera una pierna por accidente.

El chambelán acompaña, marca el paso, sostiene el ritmo, ayuda, protege. En los XV años, el chambelán aprende a bailar sin estorbar, a estar presente sin robar foco. No dirige la fiesta, pero sin él, el baile se desajusta. Es una figura, ni protagonista ni espectador del todo.

Algo parecido ocurre en la vida. Hay personas que llegan solo para ayudarte a cruzar una etapa, a sostenerte mientras aprendes el ritmo. No se quedan para siempre ni encabezan la historia, pero hacen posible el movimiento. Como el chambelán, caminan a tu lado mientras dura la música, y luego se retiran. Confías en ellos, en que te elevarán y no dejarán caer, casi como un Rey lo hacía con sus secretos, las quinceañeras lo hacen con el baile.

Aprender a bailar debería ser una materia más, desde la primaria, no esas ondas del Ratón Vaquero; algo de danza contemporánea y ya de ahí hasta folclor aprende uno. Con ello podrías aprender a llevar ritmo, a acompañar, a observar a los demás. Y para que el baile salga bien, aprender a cuidar a los otros, a que si alguien pierde el paso, le avises y ayudes a recuperarlo. Pues no solo luce mal el chambelán, luce mal la quinceañera. Si tan solo en educación física nos hubieran enseñado a bailar, en lugar de andar corriendo como caballos desbocados. Yo hubiera sido chambelán, y no el Goofy que soy bailando. 

La conseja de hoy

Aprendan a ser chambelanes y chambelanas de sus relaciones -sean amorosas, amistosas o demás-, cuídense y cuídenles como si estuvieran en una danza; al final eso es la vida, una canción. Y como decía el maestro de baile: «Chambelán, escolta y no galán».

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