RELATOS DE VIDA
Llegó como un regalo de cumpleaños, un presente para fortalecer la convivencia familiar, para pasar un rato de diversión compartiendo películas, series o simplemente la programación, acompañados con palomitas o alimentos.
La colocó en la sala, lugar de reunión y descanso, justo a un costado de la computadora de escritorio que habitualmente ocupaban para realizar actividades laborales y escolares.
Con ella, la familia disfrutó de noches de “solo chicas”, de películas y karaokes. Se convirtió en informante incansable del acontecer cotidiano, con las noticias mañaneras y previas a dormir.
Algunas veces, entrada la madrugada, fungía de terapeuta con la proyección de música espiritual para calmar los miedos, el estrés, las preocupaciones y como arrullo para poder dormir.
Un día de limpieza, el más pequeño del hogar, decidió contribuir y se dedicó a limpiarla esparciendo previamente agua para después secar con un trapo, pero la abundancia de líquido terminó por fundir la pantalla y la imagen se redujo a líneas multicolores.
De manera afortunada, la garantía del artefacto electrónico permitió su recuperación y nuevamente el disfrute de la familia, ahora con mayor cuidado para prevenir el inocente accidente.
Pasaron un par de meses sin novedad de falla, hasta que un juego de pelota le ocasionó un golpe que provocó que la imagen se proyectara solo en la mitad.
Nuevamente la fortuna les favoreció, en el centro de servicio pudieron reparar el desperfecto por una cuota accesible, y volvió a la sala, justo a un lado de la computadora, para permitir el entretenimiento de la familia.
El tiempo transcurrió en casa y un nuevo inquilino llegó, una mascota peluda con apenas tres meses de edad, quien también disfrutaba del tiempo en familia observando detenidamente los programas y películas.
Al cachorro le llamaba la atención el movimiento y el sonido, permanecía quieto para observar lo que era transmitido, algunas veces hasta respondió al sonido con una serie de ladridos.
Cuando la familia salía en la mañana para dirigirse a la escuela o al trabajo, la mascota permanecía al interior de la casa, tenía sus platos de comida y agua, su tapete para hacer sus necesidades y también varios juguetes para entretenerse hasta que regresaran al hogar.
Un día, la fuerte lluvia con descargas eléctricas y granizo, retrasó el regreso de la familia. Acorralado por el miedo, el perrito buscó un lugar para sentirse seguro.
Al llegar, descubrieron que la pantalla estaba completamente estrellada, un costado se había desprendido y sobre el mueble reposaba el peludo. La colocaron de nuevo en su espacio, no intentaron encenderla, sabían que ya no sería salvada, era su tercer accidente, y además, el más grave. Observaron los daños varios minutos y recordaron todos los momentos que pasaron. Finalmente, la desconectaron, la tercera fue la vencida.




