RETRATOS HABLADOS
Con bastante regularidad me gusta citar un libro publicado en 1939, de la autoría del escritor español, Enrique Jardiel Poncela. Se llama “La tournée de Dios”, o lo que es igual, “La Gira de Dios”, que decide hacer en La Tierra, y en la que reflexiona acerca de la felicidad y las múltiples búsquedas que el ser humano hace de la misma.
“De tal suerte os entregáis al amor, por ejemplo, con la loca esperanza de que sea una mujer o un hombre quien os hará feliz, y al daros cuenta de que no sois felices con el amor, os revolvéis furiosos contra él. De la misma manera esperáis la felicidad de vuestros padres, o de vuestros hijos, o de un tío que tenéis en el extranjero y que no escribe hace once años; y ante el desmoronamiento de vuestros sueños, maldecís de los padres, de los hijos y del tío del extranjero. O esperáis la felicidad de la Lotería Nacional, con el consecuente y lógico desencanto.
“O esperáis la felicidad de un nuevo Gobierno, lo que os arrastra a vivir en un perpetuo deseo de crisis. O, en fin, esperáis la felicidad de un cambio de régimen político y ensangrentáis vuestras manos en el charco rojo de las revoluciones para caer luego en la pesadumbre de haber cometido crímenes inútiles.
“La felicidad (continúa Dios) os la di yo también cuando os di la Vida y la Muerte, la Conciencia, la Inteligencia, la Voluntad, el Entendimiento, la Memoria, la facultad sexual y la Procreación, y todo lo Creado. La felicidad está en eso.
“La felicidad brota espontánea de cualquiera de esas partes y también del todo. La felicidad se consigue manejando discretamente cada uno de esos elementos, y también todos a la vez…Pero ¿tengo yo la culpa de que vosotros manejéis esos elementos, y el todo de un modo idiota? No. Yo no tengo la culpa. La culpa es vuestra”.
Hasta aquí la cita. Espero entienda lectora, lector, el porqué de anotar esta larguísima disertación del escritor que asume el pensamiento de Dios, porque en los tiempos que vivimos y en que aparentemente la búsqueda de la felicidad todavía existe, cada vez descubrimos con más constancia, que los caminos, como el propio autor lo anota, están plagados de máquinas que se han inventado, tecnologías que habrían de comunicar a las personas y han conseguido todo lo contrario, doctrinas, costumbres, teorías, objetos e instituciones, “que solo sirven para envenenar la existencia y hacerla agria”.
En esa ficticia “gira” de Dios en el planeta, también marca la diferencia entre su concepto de la existencia y el que tiene el Diablo: “para mí, la existencia está basada en el Dolor y su consecuente es el Placer. Para el Diablo, la existencia está basada en el placer y naturalmente, su consecuente es el Dolor. Porque gracias al dolor, que aísla al que sufre dentro de sí, surge la meditación, la invención, la creación. Gracias al Dolor se salva el alma de caer en una continua, estúpida e inútil frivolidad. En lo que se ansía hay Dolor. En lo que se ambiciona hay Dolor también. El Dolor mueve, agita, arrastra. El Dolor impulsa: toda espuela es dolorosa.
“Como consecuencia del Dolor surge el Placer. Por eso ¡oídme bien!” Por eso es mentira que yo condenara a la Mujer a parir sus hijos con Dolores. Es una de tantas leyendas que me han colgado. Es una de tantas incomprensiones. No. Yo no condené a la Mujer a parir con Dolor sus hijos, sino que la hice donación de ese Dolor para proporcionarle el placer de la maternidad: porque sin el Dolor el Placer no existe”.
Y va un cierre que nos hará comprender estos días: “yo dije al llegar qué forma de Gobierno aconsejaba para los Estados de la Tierra: las dictaduras inflexibles. Añadí que yo no podía aconsejar otra cosa. Y ahora agrego que yo no podía aconsejar otra cosa, porque nunca he sido más que un inflexible dictador. Os dicté una Ley y os marqué una pena, y al que transgrede aquélla, le aplicó ésta sin apelación, sin indulto y por la eternidad”.
Siempre resulta interesante pensar lo que pensaría Dios, de venir a la Tierra, dar entrevistas, hacer pues, una gira.
Mil gracias, hasta el próximo lunes.




