Cinco minutitos más… de voluntad

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PIDO LA PALABRA

“¡Un ratito más!, ¡otros cinco minutitos!” ¿Quién no ha pensado esas frases en alguna de nuestras mañanas?; las cobijas nos apapachan, nos arrullan y prácticamente nos encadenan a la cama; nos convertimos en miembros activos del club de Morfeo.

Lo cierto es que después de un día de trabajo, siempre se antoja un buen descanso; hacer un alto en el camino no significa que lo abandonemos; siempre es bueno establecer puntos de control para analizar lo que hasta ese momento hemos realizado.

Pero recuperado el cuerpo, cargadas las pilas, ¡ahora a darle a la chamba! Ser los emprendedores que México necesita; recordemos que EL CAMIÓN DE LAS OPORTUNIDADES PASA A LAS CINCO DE LA MAÑANA; no dejemos que ese camión se nos pase por cinco minutos de flojera; nuestra voluntad es mucho más fuerte que esa parte del cuerpo que nos impide levantarnos.

En el momento que digamos “¡otro ratito más!”, es en ese preciso momento en donde toda nuestra energía se debe acumular para decir “¡aquí estoy y soy el que decido!”, y sin más “¡arriba flojo!”, el trabajo no espera, la escuela no espera, y nosotros no los vamos hacer esperar.

La clave está en la voluntad; los pretextos son el alimento de la mediocridad; y así con la misma creatividad para evadir la responsabilidad de las tareas con mil pretextos urgentes, de esa misma forma seamos creativos y evadamos a la indolencia y a la flojera, que lo único que nos dejan es un mal sabor de boca y mucho arrepentimiento por no haber sabido vencerlas.

“¡Levántate y anda!” hubiese sido la palabra acorde a la época; la de hoy es “¡levántate flojo!”, las vacaciones se acabaron; la vida se nos escapa y la cama no nos ayuda a recuperarla; corre a buscar aquello que te dará satisfacciones duraderas y no efímeras de cinco minutos.

Nadie hará por ti lo que no hagas por ti mismo; el trabajo no llega hasta tu casa; la competencia es mucha y debemos prepararnos para ser los vencedores, esa es mucha mayor satisfacción que otro ratito más en la cama.

El mundo está lleno de dormilones y tú ya debes despertar; no olvides que camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.

Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.

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