Exageradas las expectativas del 5-4 en la ida, el partido de vuelta en Múnich fue distinto, menos ofensivo y trepidante, alejado de la locura, condicionado desde el gol de Dembele a los dos minutos y 20 segundos y manejado por el París Saint Germain, que también demostró su destreza defensiva, hacia la final de la Liga de Campeones contra el Arsenal, más allá del 1-1 al final de Harry Kane.
El vigente campeón, de nuevo en la final. Su exhibición del 0-5 al Inter de hace un año latente, en la memoria eterna de la máxima competición europea, ahora camino de Budapest, el sábado 30 de mayo en el Puskas Arena, para enfrentar su siguiente desafío. Lo aguarda un rival que no le dará tantos espacios. Otro registro. Está más que preparado. El marcador concluyó ayer 1-1 dejando el global a favor de los parisinos.
Apoteósica y admirada la ida en el Parque de los Príncipes de hace una semana, con el descomunal 5-4, debatida después por las concesiones defensivas, la vuelta demostró que el París Saint Germain no es sólo ataque y pegada, es mucho más, es un equipo que también sabe disputar otro tipo de duelos, incluso aplacar al Bayern y reducirlo de forma indudable, sin las ocasiones ni las opciones que se presupone de su tremendo nivel.
EL PSG LO DOMINA TODO, DIRECTO A OTRA FINAL




